Ya firmaron el pacto. Nos quedamos todos más tranquilos…Ahora sí estamos seguros de que todo será prístino y puro. ¿Verdad? Claro, y los pajarillos cantarán. Y los animalitos del bosque se acercarán para apoyar sus tiernas cabecitas en los regazos amorosos de los firmantes que nunca, nunca, por ningún motivo, han roto su palabra ni se han pasado por el arco de triunfo lo que han firmado. Tampoco han dicho digo donde dijeron Diego, ni se han tirado a la yugular del que antes había sido un hermano para ellos por un quítame allá este puesto y estos votos. ¡Venga ya! ¿A quién pretenden engañar?
Lo preocupante es precisamente eso, que cada vez engañan a menos personas, que ya casi nadie se cree sus golpes de pecho y sus autoalabanzas. Y cuando ni unos ni otros sean capaces de engañarnos con sus chorradas ¿qué pasará? Entonces, ¿quién podrá salvarnos? Porque ese es el verdadero problema de la falta de confianza en la clase política, cuando la ciudadanía no se cree nada, cuando todos se tiran mierda unos a los otros y llega un momento en el que la gente termina viendo que son todos iguales. En ese momento siempre surge un iluminado. Esos iluminados sí que son verdaderamente peligrosos. Los que prometen un cambio radical, los que se presentan como reformadores desde la raíz, los que arrasan con la poca institucionalidad que quedaba. Y luego llegan los lamentos y los intentos vanos de recuperar la confianza perdida del electorado. Pero ya es muy tarde. Señores, miren a ver si se reconocen en algunos vecinos: miles y miles de votos para decirles a los mismos de siempre que se vayan con sus pendejadas a otra parte. ¿Tienen idea de cuantos años se necesitan para revertir una situación de ese calibre? ¿Ni se les ha pasado por la cabeza ese panorama? Pues deberían pensárselo un poquito antes de seguir el camino que llevan.
Miren a ver si se dejan de tantos pactos éticos y empiezan a hacer las cosas bien de verdad. No quiero gestos sin contenido, prefiero ver el contenido sin grandilocuencia. No me importa si no firman un papel, porque el papel, al fin y al cabo, lo aguanta todo. Quiero ver que lo que dicen lo cumplen, sin excusas. Necesito ver a servidores públicos, no a sinvergüenzas que piensan que el público está a su servicio. Si logramos que esto sea así, el pacto no será más que un gesto superfluo.
Hasta el momento no lo veo. Veo que siguen tratando a los votantes como si fueran imbéciles, con eslóganes dignos de los Teletubbies y consignas destinadas a hacerse ver como miembros del populacho. Como si el populacho fuera una masa amorfa y tarada que no pudiera darse cuenta de que están tratando de utilizarla. Señores (y señoras, que también las hay que merecen palos) ¿de verdad se creen que se ven geniales, modernos y estilosos al lado de frases tan estultas? ¿En serio creen que dárselas de racatacas, o de ser los mejores colegas del pavo del bus va a permitirles un voto más o menos? Les informo de que al grupo de población al que pueden llegar con esas pendejadas también se le gana con una bolsa de comida. Y a todos los demás, la inmensa mayoría de gente honrada, pensante e inteligente no los ganan, ni con frases de mal gusto, ni con firmas que saben pura fachada. A los que de verdad cuentan en este país se los ganan con trabajo honrado y buenas ideas. Eso es mucho pedir para muchos, ¿no?