Se trata del poeta más importante del siglo XX que sigue siendo el poeta activo del XXI, que sigue siendo el mago de la isla, el maestro, fundador de la vanguardia panameña y gran capitán de la cultura.
Que su obra perdure será responsabilidad de aquellos quienes heredamos la grandeza de su estro, la nobleza de su alma y su afán por hacer grande la patria que le vio nacer.
Este año celebramos su cumpleaños 110 y por coincidencia, nada lo es, los 35 años de la publicación de su Isla Mágica, novela que galardonó el premio Ricardo Miró en 1977, y además cumple siete décadas el primer montaje de La cucarachita mandinga.
Reconocer su legado, sus iniciativas culturales, y hasta sus aventuras en pro de la paz centroamericana, más que plausible es una necesidad, una obligación. Pues cada uno de sus actos tiene repercusión en nuestro presente.
Lo que hizo entonces, cuando todo estaba por hacerse, sigue transformándose, en cada una de las iniciativas que se ejercen por estos días está una idea suya. Que es el hecho de que anoche, en la Asamblea de diputados, fuera aprobada en tercer debate la ley que crea el ministerio de cultura.
Hay que reeditar sus obras, que las nuevas generaciones beban de esa sed de eternidad y de panameñidad que dejó en sus libros. Este sería un reto para nuestras instituciones, cubrir este cierto ayuno de obras clásicas nacionales.
De hecho estamos celebrando hoy al clásico más importante de las letras nacionales, y su nombre, Bernardo Domínguez Alba, se transfigura en Rogelio Sinán para ofrecernos la fiesta de la poesía.
Aportó al país como docente, diplomático, director teatral y funcionario al servicio de la cultura. Por lo que hemos de decir que nada de su gestión ha sido olvidada, y a Rogelio se le celebra, no solo en este nicho, sino en las calles, barrios, instituciones, bibliotecas, premios literarios de su entrañable patria. Eso habla de su interminable hoja de vida, hoja de servicio y dice bien de quienes hoy nos reunimos en su nombre.
Hoy celebramos su vida y su ingenio, su amistad, su coraje para ser solidario, su consejo, su esperanza y su determinación para construir la patria cultural que anhelaba.
“Que su sepulcro nos convoque mientras el mundo de los hombres tenga días y que hasta el fin haya un incendio bajo el silencio paternal de sus cenizas”.