Ya pasó la euforia de la victoria ante Honduras, que definitivamente fue un golpe duro para ellos, pero un paso gigantesco para nosotros, porque además de celebrar a todo pulmón, iniciamos con tres puntos valiosos como visitantes, pero ahora viene Cuba, que por nada del mundo debemos permitir que se lleve punto alguno del estadio Rommel Fernández.
Definitivamente, ningún partido se parece a otro, pero hay que espantar aquel fantasma que nos rodea la mente después de aquella dolorosa derrota que nos propinaron los cubanos de 3-1, aquella tarde lluviosa con el campo del estadio Rommel Fernández empantanado.
No hay que darle tregua a los caribeños que, como sabemos, tienen menos técnica, pero sí están preparados para correr la cancha los 90 minutos. Hay que hacer el trabajo sin presión alguna, así como jugamos contra Honduras.
Creo que fue uno de los partidos más tranquilos que jugó nuestra selección, incluso el árbitro solo sacó una tarjeta amarilla para Alberto "Negrito" Quintero, que estaba como pasado de revoluciones. Tenemos que olvidarnos de los árbitros y salir a desplegar el fútbol que tenemos y de esta manera conseguiremos esos tres puntos que nos pondrían con buenas posibilidades, al hacer seis de los 15 puntos que se disputan en esta tercera fase.
La concentración antes y después del partido es importante. Nosotros claro que estamos optimistas y prueba de ello es que el mismo sábado empezaron los entrenamientos de la mano de Julio Dely.
Me gustó el triunfo que confirma por qué somos los terceros de la Concacaf y los primeros de Centroamérica. Un trabajo duro para llegar hasta aquí, sufrí muchos resultados adversos en las eliminatorias y goleadas como el 5-1 que nos propinó Costa Rica en el Estadio Nacional Las Sabanas... Ya eso es historia, ahora no somos “congos”.