Deportes

Panamá fue jaula de gorilas

“El poder sin la virtud es un abuso, no una facultad legítima” Bolívar


Mi compadre Rompelimpón tenía un cuarto en Calle Quinta, en la misma casa donde vivía la negra Marta (sí, señor, la que dio posada a Erroll Flynn cuando una noche lo encontró jumado deambulando por avenida A, sin saber dónde estaba ni para dónde iba. Al día siguiente la Calle Quinta, parte de Ave. A y laterales del edificio del Correo, actual museo del Canal, estaban repletos de carros de lindas rabiblancas que esperaban, ansiosas por ver al aventurero Capitán Blood, al indomable Coronel Custer –que murió con las botas puestas– y al corsario de la reina, el Halcón de los mares… Ataja, ¿para dónde voy yo? todo esto es para otro artículo.

Un día que fui a buscar a “Rompe” para ir a la playita del diablo y fumarnos un buen cigarro mientras saboreábamos ostiones de las rocas de la poza La Cubana (caray, me desvíe otra vez, esto es para un cuento). La cosa es que mientras lo esperaba sentado en el patio, enfilé mi radar para escuchar lo que hablaban dos lavanderas que restregaban ropa con la energía de un furioso jugador de dominó. Debo apuntar que corría el año de 1956 (mientras atrás venía acelerando cada vez más el 57 y como dice Luthiers: el 55 ya no corría).

En Panamá se había convocado a una reunión de presidentes del continente americano, y esa vez tuvimos más suerte que en 1826 cuando Bolívar citó para el famoso Congreso Anfictiónico (déjame tomar otro desvío para decirte lo que acabo de aprender: en un principio anfictionía significaba reunión de una liga de doce pueblos griegos unidos religiosamente, más tarde los motivos de la reunión fueron cambiando hasta terminar siendo totalmente políticos y con grandes influencias en estos pueblos. Me imagino que llamar Anfictiónico a este congreso fue una de las exquisiteces de Bolívar y, desafortunadamente, él no vino y falló en su intento de reunir a los pueblos recién liberados en una gran confederación). Pues bien, la linda lavandera comentaba: «¿Has visto la cantidad de dictadores que andan sueltos en esta ciudad?» La otra, sin dejar de restregar: «Sí, mija, y tan campante que anda el peor de todos». «¿Quién es ese», pregunta la menos informada. «Quién más que Anastasio Trujillo, dictador de Colombia.» Esto se llama adobo de noticia.

 

Un artículo de Sergio Ramírez sacó de mis recuerdos aquel año en que Panamá fue jaula de gorilas.


fecha edicion
old id
517639
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América