Washington-. Justamente cuando las Américas se congratulan de haber entrado en una era de gobiernos libremente electos que no tiene igual en este siglo, vuelven a circular rumores de que Estados Unidos estaría tramando un regreso al militarismo.
En esos términos se expresaron algunos críticos de una iniciativa para crear mecanismos que Estados Unidos llamó de "diplomacia preventiva" pero que otros pensaron que llevaría a una fuerza militar multilateral semejante a la que Washington y la OTAN enviaron a Kosovo.
"Es lamentable que por una torpeza diplomática al no explicar con claridad qué es lo que pretendemos hacer, hay gente que nos pinta como si en Washington existiera un cabal removiendo un caldo de brujas para resucitar el militarismo en Latinoamérica", declaró un diplomático de muchos años de experiencia en tono de exasperación.
"Eso tuvo vigencia durante la Guerra Fría", añadió. "Ahora lo importante es tener a las fuerzas armadas al servicio del poder civil y dedicados a mantener la paz y ayudar al desarrollo económico que es lo que más falta hace".
Pero si el momento del militarismo ha pasado, una retórica practicada durante los 42 años de la Guerra Fría todavía se hace sentir, especialmente cuando es esgrimida por políticos de oposición que favorecen la mano dura en Latinoamérica así como algunos soldados profesionales como Charles Wilhelm, el general de los Marines que funge como jefe del Comando Sur.
Así fue como el senador republicano Paul Coverdell, presidente del comité de Asuntos Hemisféricos y Terrorismo, afirmó en una audiencia esta semana que "estamos presenciando la balcanización de Colombia", de lo que deducía que cualquier día de estos las FARC podrían invadir a Panamá y apoderarse del Canal.
Fue en este contexto que el general Wilhelm advirtió que en un caso in extremis de esa naturaleza, Estados Unidos "tiene la obligación de intervenir ya sea cooperativamente con los panameños, o unilateralmente, si la situación así lo dispone."
Wilhelm, que analizó las amenazas a la seguridad en la región, expresó su convicción de que el crecimiento de la guerrilla marxista en Colombia es tan acelerado que las autoridades panameñas no se encontrarán en situación de defender la vía interoceánica una vez que los últimos 3000 efectivos estadounidenses abandonasen Panamá el 31 de diciembre como lo requieren los tratados Torrijos-Carter.
No era de sorprender que El Tiempo de Bogotá el siguiente día publicara un titular en primera plana ""Panamá, amenazada por Colombia": E.U. El jefe del Comando Sur, Charles Wilhelm dice que Panamá no tiene cómo defenderse de incursiones de guerrilleros y paramilitares colombianos y afirma que el narcotráfico está disparado".
Pero hasta el influyente matutino argentino La Nación se plegó a las dudas de las intenciones de Washington, recordando la creciente preocupación del liderazgo republicano en el Congreso sobre la estabilidad de Colombia.
"Si es verdad que existen señales de que los Estados Unidos, o al menos una parte de su estructura de poder, están considerando la posibilidad de una intervención militar en Colombia, las palabras de Coverdell y de Wilhelm son una prueba de ello", escribió el comentarista de política exterior Enrique Comellas.
Lo cierto es que las versiones sobre una posible participación norteamericana "más activa" en el conflicto colombiano, como lo reclaman el senador Jesse Helms, presidente del Comité de Relaciones Exteriores y su homólogo en la cámara, Benjamin Gilman, han cobrado tal magnitud que el embajador de Bogotá en Washington, Luis Alberto Moreno, se vio precisado a desmentirlas, aunque admitió la "seria preocupación" de la Casa Blanca por el avance de la guerrilla marxista.
Pero Comellas no se da por satisfecho."No solo para Coverdell y para Wilhelm los problemas de Colombia han cobrado, por sus dimensiones, carácter internacional", sentencia el columnista argentino. "En ese país se produce el 75 por ciento de la cocaína del mundo y es la única nación donde, en el último año, los cultivos ilegales crecieron en lugar de disminuir, y lo hicieron en un 28 por ciento. Esa actividad constituye la más gigantesca fuente de alimentación económica del terrorismo en toda su historia. Y la prueba concluyente de ello es su creciente capacidad bélica".