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Papa se despide de Cuba


El Papa Juan Pablo II condenó ayer domingo como injusto y éticamente inaceptable el embargo de Estados Unidos contra Cuba, al término de una visita de cinco días a la isla.
En su jornada final, la gira incluyó una misa en la Plaza de la Revolución de La Habana en la que más de 300.000 cubanos, algunos coreando "Libertad, Libertad", escucharon al Papa fustigar tanto al comunismo como al "neoliberalismo capitalista".
El Papa calificó de "injustas y éticamente inaceptables" las medidas de Washington dentro del embargo impuesto a La Habana en 1962 y dijo que perjudican "de manera indiscriminada" a todos los cubanos, en especial los más débiles.
El Pontífice hizo también un llamamiento puntual a las naciones de Iberoamérica para que aúnen esfuerzos y contribuyan a superar "las medidas económicas restrictivas impuestas desde fuera del país".
La ceremonia de despedida del Papa se celebró bajo una pertinaz llovizna y cielos encapotados en contraste con el sofocante calor de los cuatro días previos.
En la ceremonia, el presidente Castro le hizo entrega de un álbum de fotografías.
Juan Pablo II abordó la nave de Alitalia en que viajará a Roma mientras la banda militar interpretaba una de las melodías más populares en Cuba, la canción patriótica de la era independentista "La Bayamesa", y otros ritmos autóctonos.
"En nuestros días ninguna nación puede vivir sola. Por eso, el pueblo cubano no puede verse privado de los vínculos con los otros pueblos, que son necesarios para el desarrollo económico, social y cultural", declaró el Pontífice.
Esa circunstancia es todavía más deplorable, dijo, "especialmente cuando el aislamiento provocado repercute de manera indiscriminada en la población, acrecentando las dificultades de los más débiles en aspectos básicos como la alimentación, la sanidad o la educación".
Fue la tercera vez que Juan Pablo II aludió en términos condenatorios al embargo durante su gira por Cuba, que incluyó visitas a Santa Clara, Camagüey y Santiago de Cuba, además de la misa en la Plaza de la Revolución capitalina.
El discurso del Papa fue posterior al mensaje de despedida que le dirigió el presidente Fidel Castro, quien reiteró en sus palabras las denuncias del "crimen monstruoso" que el embargo supone contra su pueblo.
Comparando a Cuba con el David bíblico, Castro dijo que los cubanos luchan ahora "para sobrevivir contra un gigantesco Goliat de la era nuclear, que trata de impedir nuestro desarrollo y de rendirnos por enfermedad y por hambre".
"Si no se hubiese escrito entonces esa historia tendría que escribirse hoy. Este crimen monstruoso no se puede pasar por alto ni admite excusas", afirmó.
Aludiendo a la lluvia de las últimas horas en La Habana, el Papa dijo que él se había hecho la pregunta de por qué, "después de estos días de tanto calor, de la misa en Santiago de Cuba con tanto calor, cae esta lluvia".
Juan Pablo II dijo que si bien algunos podrían interpretar la lluvia como un signo de que "los cielos cubanos lloran porque el Papa se me va, porque nos está dejando, eso sería una hermenéutica superficial".
"Una mejor hermenéutica, más profunda, sería que las lluvias de las últimas horas de mi permanencia en Cuba podrían significar un aliento. Quiero expresar mis votos porque esta lluvia sea un signo nuevo de aliento de vuestra historia", agregó.
"Cuba no conoce el miedo. Desprecia la mentira. Escucha con respeto. Cree en sus ideas. Defiende inconmovible sus principios y no tiene nada que ocultar al mundo", agregó, aludiendo a la intensa y detallada cobertura de la gira por miles de periodistas de todo el mundo.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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