“El cielo se les antoja una vitrina de espuelas” Lorca
Aunque el papel aguanta todo, le debemos cierto respeto. Hay una poderosa virginidad en una hoja de papel en blanco. Se traduce en una invisible ley para el novel escritor: no violes una página sino con lo mejor de tu pensamiento. Por eso dura más el papel de los libros que el de los periódicos. Ingenuamente aspiran a una más larga permanencia en la vitrina del tiempo. Los libros representan lo mejor de los escritores. Dostoyevski era un vicioso del juego, capaz de apostar a la ruleta las regalías de las novelas que todavía no había escrito; Truman Capote fue un homosexual polémico y bochinchoso; Séneca aceptaba que él y otros filósofos admirados por él hablaban, no precisamente como vivían, sino de la forma en que se debía vivir. «Hablo de la virtud –decía– no de mí; y cuando reprocho los vicios, pongo los míos en el primer lugar». Poe fue un dipsómano que perdió los mejores años de su vida en inmundas tabernas. Ah, pero cuando estos señores se sentaban a escribir, salía lo mejor de ellos.
Por eso, cuando nos sumergen en páginas de crimen, adulterios y miserias, saldremos de ellas limpios porque el juicio del autor purifica su relato y purifica a sus lectores. Esa es la gran confianza que tengo en los libros. Los escritores respetan el papel, a veces más que a ellos mismos.
A diferencia de la narrativa que abre sus puertas de par en par a la ficción, el periodismo informativo se impone como Norte la rigurosa investigación de la noticia y el amoroso ceñimiento a la verdad; pero toma su aletazo de libertad pues todos los eventos, pasados por el tamiz del tiempo, nos permiten un dribleo o un robo de base en el que podemos asegurar el punto o la carrera del triunfo con ayuda de una maga llamada imaginación. Esto supone buen uso de la metáfora y la gracia de un cuento bien echado o, quién sabe, unas pinceladas filosóficas que ayuden a entender la vida.
Noticia con perfil de fábula, crónica con aroma socrático.
La metáfora es la herramienta del intelectual con alma de juglar. Es pan nuestro de cada día para la poesía, es embellecimiento de la narración, del ensayo, la historia, la biografía, el teatro, y lo que aspire a ser literatura. La metáfora es la clave para entrar en la parábola. Escucha al papel: «¡Lléname de metáforas!»