Cedemos la palabra al prócer don Mariano Arosemena (1794-1868), notable hombre público, padre de don Justo Arosemena, quien, ante la sesión solemne del Cabildo de Panamá, un día como hoy, pero de 1867, analizaba los efectos de nuestra independencia, ocurrida casi medio siglo antes.
Por razones de espacio, realizamos breves ediciones que no afectan el sentido general del texto:
“Panamá fue una colonia degradada, envilecida, privada de gobierno representativo, de libertad civil, de derechos políticos. No obstante su importancia para comunicar los dos océanos, estaba cerrado herméticamente al comercio y al trato extranjero.
Como vasallos del Rey de España, los istmeños manteníamos vida de esclavos uncidos a tan duro yugo. Revolucionadas otras de las colonias españolas de la América, la del Istmo no era posible que lo verificara en aquellos momentos, a causa de que [España] conservaba este puesto militar, erizado de bayonetas y lo había además constituido en paso obligado de expediciones hacia Quito, Chile y Perú, y de los repuestos de las bajas de su guerra, así como también de los útiles navales, armamentos, municiones, equipos y cuanto era necesario para proveer a sus ejércitos, en la contienda del gobierno de la metrópoli con los países de su dominio.
Comprendiendo los istmeños que era de nuestra conveniencia y deber desligarnos de España, y hacer causa común con nuestros hermanos de Sudamérica en la noble lucha de la independencia, fue nuestra primera medida traer del extranjero una imprenta, y establecer un periódico hebdomadario: "Miscelánea del Istmo", por el cual combatimos al régimen, la carencia de libertades, las malas leyes y el abominable tráfico de esclavos.
Enseguida formamos sociedades políticas, donde con más libertad y mayor seguridad, se diera expansión al pensamiento de los patriotas panameños. El Capitán General Mourgeon emprende una expedición bélica para Quito, llevando su plan constitucional monárquico.
Reducidas [así] las tropas en la guarnición de esta plaza, nuestro propósito de romper las cadenas se vigoriza, se inflama, viendo que ya podíamos batir al enemigo.
Formóse por cuatro patriotas un bolso de dinero con el que premiar a los soldados españoles que auxiliaron nuestra causa, desertando de sus cuerpos, y al proyecto correspondió bien la práctica. El 28 de noviembre de 1821 quedaron aislados en la guarnición militar, los jefes de Oficiales, pues la noche procedente desertó el último número de los soldados, llevándose el armamento.
El patriotismo de los istmeños desplégase abiertamente, resuelto. Mediante la indecisión de las autoridades convócase a cabildo de los funcionarios. Estos no lo contradicen, concurren, pensando desarmarnos, y se encuentran con el pronunciamiento de la libertad.
Los istmeños establecimos un gobierno propio y nos incorporamos a Colombia. No atendimos a nuestro especial interés, tuvimos presente el de la América Independiente, cerrándole esta vía por la que [España] forzaba sus ejércitos en Quito, el Perú y Chile, y abrimos las puertas del Istmo a las repúblicas independientes, para el paso de sus fuerzas libertadoras a uno y otro mar, y de sus elementos de guerra.
El Istmo, de esta manera, halló consolidado su pronunciamiento por la independencia y la libertad, en 1821, que como bien se comprende, fue muy arriesgado, y la obra del heroísmo de sus hijos.
¡Bendigamos a la Providencia que quiso favorecemos! Unámonos todos, para que sea hacedero el bien de nuestra patria, siendo el lazo que nos estreche, este día del gran aniversario que celebramos. ¡Que el Istmo de Panamá vuele hacia sus altos destinos, con la ayuda de sus hijos, son mis deseos!”
Y así sea para todos, don Mariano. Hasta el próximo domingo.
Que la palabra te acompañe.