Estimada doña Mónica:
Si yo fuera mujer, me avergonzaría de ocupar un puesto de r esponsabilidad pública o privada porque por ley tiene que haber igual número de mujeres que de hombres y no por mis méritos, como pretenden esos desorientados feministas (mujeres y hombres, que también los hay).
En el “aullido” del domingo 13-XI-2011, usted tuvo el valor de romper de un solo tajo el nudo gordiano que nos amarra a hombres y mujeres.
Cuando leí sentencias como “El respeto no se gana por ser hombre o mujer” o “Ese cromosoma doble no es un escudo o una excusa, si quieres que te valoren por lo que eres” pensé: He aquí una mujer valiente que no tiene pelos en la lengua. Por si la idea no estuviera lo suficientemente clara, vi que recurrió al léxico barriobajero diciendo: “Si te metes en política y quieres que te respeten como a una igual, no puedes andar con ahuevazones”. Más claro el agua.
Y para que no la tachen de deshumanizada terminó su intervención con esta valiente apelación a la maternidad: “Las mujeres de verdad somos suficientemente fuertes como para saber defendernos solas, y no solo eso, sino que además, hemos protegido a los hombres en nuestros brazos cuando ellos aún no podían hacerlo”.
Ojalá continúe usted por mucho tiempo “aullando” desde Día D para beneficio de muchos lectores de este breve, pero bravo, suplemento cultural. Ojalá sus aullidos continúen despertando las conciencias de los muchos lectores que seguramente la admiran tanto como la admiro yo.
Por primera vez coincido con, o admiro, un artículo de esta ciudadana, y hasta podría decir que le podría poner la firma. Claro y puntual. Apto para hombres y mujeres. El respeto es por la persona, no por el género, y se puede ganar y merecer con los actos.