Deportes

Para leer a Martí

“Estudien, los que pretenden opinar. No se opina con la fantasía, ni con el deseo, sino con la realidad conocida, con la realidad hirviente en las manos enérgicas y sinceras que se entran a buscarla por lo difícil y oscuro del mundo. Amemos la herida que nos viene de los nuestros. Y fundemos, sin la ira del sectario, ni la vanidad del ambicioso. La revolución crece”.


La vía más rápida y sencilla para tener acceso a la obra de José Martí la ofrece, probablemente, el sitio de Internet www.filosofia.cu
marti. Se trata de un sitio dedicado a la historia de la filosofía y el pensamiento político en Cuba, que ofrece una antología mínima de lecturas de Martí, desde su ensayo El Presidio Político en Cuba, hasta su inconclusa Carta a Manuel Mercado, escrita horas antes de su muerte en combate, donde declara finalmente estar ya, "todos los días"
en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber – puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo – de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencia ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin. (1)
Las lecturas incluyen también su Carta a María Mantilla, la hija adolescente entonces de la familia que lo alojó por largo tiempo en Nueva York, y sus Versos Sencillos, ambos ejemplos singulares de su intimidad afectiva, y de su visión ética de la existencia.
Otras fuentes, más completas, incluyen la antología Política de Nuestra América, publicada por Siglo XXI en 1977, y sus Obras Escogidas en tres tomos, publicadas por la Editora Política de La Habana, en 1978. Estas son publicaciones de mayor interés para la docencia y la investigación. En el caso de la primera, la mayor limitación de su contenido se ve ampliamente compensada por el excelente prólogo de Roberto Fernández Retamar, escrito en la mejor tradición de sus ensayos Calibán y Martí en su (Tercer) Mundo, en los que la obra martiana aparece referida sobre todo a sus aportaciones a la construcción de la identidad latinoamericana, y a las luchas anticoloniales y antiimperialistas del siglo XX. El estudiante de Licenciatura en Humanidades o Ciencias Sociales que se interese conocer a Martí en su relación con los grandes problemas contemporáneos de nuestra región encontrará allí valiosa información.
Para quienes se interesan en Martí como tema de postgrado, o desean hacerse de una visión más completa de su visión del mundo, los tres tomos de las Obras Escogidas aportarán, en lo cuantitativo, una selección mucho más amplia de sus textos. Y en lo cualitativo, el lector encontrará una valiosa herramienta de aproximación al proceso de formación del pensamiento martiano en el ordenamiento cronológico de los textos, que facilita captar algunas de las relaciones de interdependencia en el desarrollo de las ideas fundamentales del autor en materia política, social y cultural.
Aun así, y hasta hoy, las fuentes más valiosas para el conocimiento de la creación martiana siguen siendo los 27 tomos de la edición de las Obras Completas publicada por la Editorial de Ciencias Sociales de La Habana en 1975. En este caso, los textos están ordenados por bloques temáticos. Así, el primer bloque corresponde a Cuba, y se subdivide en grandes subtemas, que abarcan los primeros cinco tomos: política y revolución, personalidades cubanas, cultura, etc. Los textos correspondientes a cada tema y subtema, a su vez, están ordenados cronológicamente, todo ello de acuerdo al esquema de organización dispuesto por el propio Martí en una carta a su asistente, Gonzalo de Quesada, hoy considerada como una suerte de testamento literario.
La estructura general de la edición - que se inicia con los trece tomos que recogen sus textos sobre Cuba, Nuestra América y los Estados Unidos -, tiene la virtud de resaltar la de la afectividad y el pensamiento del autor. Porque Martí, Martí fue ante todo un cubano, que desde esa condición optó por ser un hispanoamericano, y como tal conoció, juzgó y aprendió del mundo que habitó entre 1853 y 1895, - desde la Hispanoamérica oligárquica, hasta la Gran Bretaña victoriana, la Indochina y la Argelia que se resistían al colonialismo francés, y el pujante desarrollo capitalista de los Estados Unidos. Precisamente por ello, quien desee aproximarse a Martí a partir de esta edición haría bien en comenzar por los dos últimos tomos, que contienen una síntesis biográfica, el índice general y un valioso índice temático, que remite a las páginas en que se hace mención a aquello que pueda interesar específicamente al lector.
Con todo, para el investigador contemporáneo interesado en seguir la formación y las transformaciones del pensamiento de Martí, esa estructura temática dificulta ver de un solo golpe, por ejemplo, cómo influyó su experiencia de exiliado en Nueva York en el desarrollo de sus ideas respecto a los problemas de la construcción de Estados democráticos en la América hispana, y al proyecto de liberación de su propia tierra cubana, que tomó forma práctica a lo largo de esos 14 años. Afortunadamente, el Centro de Estudios Martianos, de La Habana, viene elaborando una Edición Crítica de las Obras Completas, revisada, actualizada y comentada con gran detalle, y ordenada cronológicamente, de la que ya están disponibles al menos los nueve primeros tomos. Esta edición resolverá facilitará la tarea de conocer y comprender el pensamiento martiano en su desarrollo, y tendrá gran importancia para las actividades de investigación y docencia relacionadas con la obra martiana.
Con todo, sea cual sea la edición que se lea, conviene tener en cuenta dos riesgos característicos que debe enfrentar la lectura de Martí: el anacronismo, por un lado, y la fragmentación, por otro. Para prevenir esos riesgos, convendrá recordar siempre recordar que Martí fue, desde el comienzo hasta el fin de su vida intelectual y política, un liberal militante. Su liberalismo - asumido y ejercido en la variante más radicalmente democrática de cada etapa de su desarrollo - le proporcionó el núcleo fundamental de aquella visión del mundo dotada de una ética acorde a su estructura, que para Gramsci constituía la definición más precisa de una cultura.
Fue desde esa cultura que supo plantear la crítica más aguda de su tiempo al Estado Liberal Oligárquico que por entonces se consolidaba en toda nuestra región, y al imperialismo naciente al que aquel Estado tendía por necesidad a subordinarse. Desde ella, también, fluye su pensamiento en la nuestra, para ofrecerle en estos tiempos la raíz desde la cual atender a su advertencia sobre la forma mejor de estar presentes en el moderno sistema mundial: "Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas". (2)
Pero, y quizás sobre todo, ara asumir ese legado en toda su complejidad -que es su mayor riqueza -, convendrá también recordar que Martí vivió en carne, hueso y alma, y fue niño y joven antes de llegar a ser adulto y maduro. Como tal, gozó, sufrió, y conoció tanto las ansiedades de la incertidumbre como la exaltación del combate. Su vida - biológica, espiritual, moral - constituye un marco de referencia indispensable para comprender la formación de su pensamiento, sobre todo en lo que hace a la extraordinaria maduración y desarrollo del mismo a partir de 1884, esto es, de los 31 años a los 42 recién cumplidos que tenía en el momento en que su muerte en combate lo llevó a trascender el plano de la existencia física, para convertirlo en el amigo, maestro y compañero de todos los que desde entonces han llegado a conocerlo en nuestra América. Leerlo así, desde sí mismo, confirma siempre en nosotros la última frase, para siempre inconclusa, de su carta de despedida a Manuel Mercado: "Hay afectos de tan delicada honestidad.." (3)
El relato no lleva necesariamente un orden lineal. Arriaga no suele seguir el camino de la lógica y piensa que la gente describe a partir de cómo le ha afectado un fenómeno; es más natural. Los acontecimientos en esta cinta se unen alrededor de tres entierros que tiene Melquíades: ellos inician y cierran el ciclo narrativo.
Arriaga es autor de varias novelas y libros de cuentos, publicados antes de ser conocido por los títulos de los filmes. En 1991 escribió Escuadrón Guillotina , luego Un dulce olor a muerte en 1994 y El búfalo de la noche en 1999. También publicó el libro de cuentos Retorno 201 en 2003.
La presentación de una nueva edición El búfalo de la noche hace unos días ante el público costarricense es como un reencuentro con la faceta literaria del autor. Esa noche dijo que "antes de escribir cualquier película, escribí libros de cuento y novelas". Aquí rescató la función del narrador y se consideró como un individuo que venera la palabra escrita.
En esta novela el autor trabaja sobre la violencia que embarga al individuo y reconoció que ella termina por afectar la vida de un escritor. En el argumento se cuenta la historia de tres personajes jóvenes, Gregorio, un maníaco depresivo que se suicida y en su acto, afecta a sus dos mejores amigos, a Tania su ex novia y Manuel, quien es el único que lo comprende y con quien ella tiene ahora una relación.
El mundo de los jóvenes está lleno de una serie de fantasmas creados en su relación con la realidad, que surge de sus mitos y sus creencias. El triángulo pasional bordea la locura en esta novela, en el escenario de la capital mexicana. La muerte de su protagonista no cierra un círculo, sino que incrementa la contaminación moral entre quienes tuvieron un ápice de amistad con el suicida.
En un fragmento afirma el protagonista: "Ya había perdido a Tania, a mi mejor amigo, a mi mejor enemigo. Me había perdido a mí mismo. ¿Qué ganaba Gregorio escupiéndomelo así? ¿Qué demonios ganaba?"
La novela recoge una visión actual de los mismos conflictos que sirvieron de contexto a la generación de escritores latinoamericanos de la última mitad del siglo XX, pero su imagen es más fresca, aunque se sumerja en un mundo caótico en pleno proceso de transformación o sea el resultado de la cambiante realidad de las últimas décadas de la centuria.
Por esa razón Arriaga reclamó que los centros educativos deben ahora incluir a estos autores en los programas; "ahora somos otros y nos gustaría ser leídos por los estudiantes de literatura".
Arriaga entierra una relación con el director González, entierra el concepto del guionista y rescata su origen como narrador. Lo fundamental es negar el esquematismo y dar rienda suelta a la imaginación.
Esta es una visión más actual, menos comprometida con las ataduras de las propuestas de los clásicos; que da un mayor aire a las plataformas sobre las que se basa la literatura y el cine; que obliga a rescatar la esencia y el espíritu de la narración.


fecha edicion
old id
274622
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América