Julián Palacios tenía rato de no visitar el hipódromo. Recuerda que la última vez que entró al templo hípico fue el 26 de mayo del año pasado para ver el clásico Presidente. Hace dos días Julián volvió al hipódromo, debido a que la agencia de apuestas donde acostumbra jugar estaba cerrada. Al igual que muchos hípicos, Julián fue sorprendido por el cierre de las agencias, así que no tuvo el tiempo suficiente para jugar el 5 y 6.
Una vez en el hipódromo decidió instalarse en uno de los locales del estacionamiento familiar: "Creo que le dicen el puesto de "El Paisa", relata este hípico, quien por casi 20 años se ha entregado a la pasión por el Deporte de los Reyes. Frustrado por no haber podido jugar el 5 y 6, y por haber consumido más combustible del presupuestado, Julián Palacios vio en la jugada del Pool de 4 una oportunidad para pasar el resto de la tarde.
Abrió con Workaholic, pasó con Friendly Saint y terminó con dos sólidos que corrieron consecutivamente: Arráncame La Vida y Adrenalina. Después vino el oficial de la carrera y en la pantalla del televisor se reflejó el dividendo del Pool de 4:B/.18.00.
Como la apuesta de Julián fue por un dólar, el dividendo que le correspondía era de 9.00 balboas. Se dirigió a una de las dos ventanillas localizadas en el local de "El Paisa" y entregó su boleto a la operaria de la máquina vende-paga.
Blandiendo dos billetes de cinco balboas en la mano la trabajadora, de trato áspero y poco gentil, requiere de Julián un balboa a cambio de los dos billetes de cinco: ¿Tienes un dólar?, preguntó. -No-, respondió el apostador.
"Bueno, yo no tengo cambio" y seguidamente procedió a mantener secuestrados tanto el boleto como los nueve balboas de Julián. Este, en aras de encontrarle una solución al entuerto, propone a la intrépida vendedora que le dé el dinero para que buscara cambio y le devolviera su dólar, puesto que su lógica le indicaba que era más probable que él encontrara cambio en la cantina del local, a que se le prendiera el foco a la poco creativa funcionaria que tenía al frente.
La solución fue ubicarse a un lado de la boletería para ver si los que le seguían en la fila venían con dinero suelto. Pero las malas noticias y las sorpresas seguían. El siguiente en la fila venía con un billete de cinco balboas en la mano. Procedió a dictar sus apuestas y cuando se disponía a pagar volvió a entrar en acción la vendedora: ¡Son siete dólares!...
El nuevo protagonista se enfrascó en una nueva discusión de sumas y restas, al final resultó que él tenía razón. Efectivamente él pidió cinco balboas en jugadas y le vendieron siete: hubo que cancelar toda la jugada y volverla a realizar. ¿Y Julián?...esperando.
Vino un tercer apostador. Este venía a hacer efectivo un boleto ganador. Tenía que cobrar B/.4.60. Tampoco tenía sencillo. "Deme 0.40 centavos y le doy cinco balboas", fue la nueva operación propuesta. Al no hallar eco en su propuesta, finalmente optó por pedirle cambio a la compañera del cubículo de al lado y así pudo salir del enredo y procedió a sacar del secuestro tanto el boleto, como los B/.9.00 de Julián Palacios.
Al final de la tarde Julián no jugó un real más, pese a que todavía quedaban las carreras de simulcasting, y se fue del hipódromo con un sabor amargo que le dejó una vendedora que no está preparada técnicamente y profesionalmente para manejarse con los "clientes".
El hipódromo se perdió del 40% de los nueve balboas que seguramente hubiera seguido apostando y los dueños de caballos, que dependen de la coima para sufragar su atractivo calendario de clásicos, así como de las carreras ordinarias, también perdieron este cliente y sabrá Dios a cuántos otros.
Ojalá se aproveche la coyuntura de las conversaciones que habrá entre la empresa y los dueños de agencias con motivo del conflicto existente, para que no se improvise a la gente que tiene la responsabilidad de salvaguardar los intereses de todos, mediante una atención más expedita, amable e inteligente a quienes semana a semana ponen el dinero para que la rueda de hípica siga dando vueltas.