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¿Para soñar el sol?

No olvido que somos un pueblo que avanza por inercia y algunas veces a empujones; aunque vaya lento, nadie sabe detenerlo.


Héctor Collado (Escritor) / Escritor

Estoy vivo, todavía en el país donde vivo. País que merecí, por haber salido de las entrañas de mi madre, para vivir en esa entraña que llaman patria y aprendí a querer como el que más, como el que menos y por ese cariño sigo subiendo oloroso y hediondo a Himno Nacional y Juramento a la Bandera, respectivamente. Seré deliberadamente ambiguo, pues procuro solidaridad de pensamiento.

Lo raro, lo extraordinario, lo distinto son tres cosas diferentes que ocurren a diario aunque, usted y yo, no quisiéramos ponerle atención. Se trata de esas cosas que ocurren a su lado, en la acera de enfrente, pero uno por indolente no las atiende. Eso no es conmigo, “ni payavoamirá”, como dice Lavoe en su “Juanito Alimaña”. Aunque de repente le espante, o se trate de un evento deplorable, ciertas situaciones en esta ciudad se le están volviendo costumbre. Lo que llaman los expertos: índices de criminalidad, clima de violencia flota como una bruma sobre el día a día de los transeúntes. Eso literalmente nos está matando, aunque el instinto que prefiere la vida haga resistencia.

Aquí están pasando vainas feas aunque no las veas: hombre armado baja de un carro y dispara contra otro, con tanta sangre fría, que me paralicé, me morí un poco con el herido. ¿Qué hacer, qué decir? La escena sórdida se registra como hecho aceptado. Descontando esa otra virulencia de los aspirantes a puestos de elección.

No olvido que somos un pueblo que avanza por inercia y algunas veces a empujones; aunque vaya lento, nadie sabe detenerlo. Su gente piensa poco, pero con las frases adecuadas. Pausados hasta la inmovilidad, pero hasta la víspera. Calmados, sonrientes, hasta la primera ofensa. No es que seamos deudores del silencio y la pereza o la cobardía es que tomamos las cosas con calma, paciencia y buena letra… ¿Tolerancia acaso? Morimos o se nos mata, y nos dejamos matar de hambre, de muerte, de a suerte, de indiferencia. Cansa lo escabroso de algunas noticias, la manipulación de la manipulación de los que nos manipulan y juegan con la inteligencia de todos y la estulticia de las mayorías. Aquellos que miran para el otro lado (radio, prensa, televisión, redes sociales) con esa forma de ceguera e indolencia enquistada en el ADN.

Aun así, no deje que le gane el desánimo, no le dé reloj a esa lágrima, no dignifique con un ¡ay! esos golpes bajos.


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902587
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América