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Para unos sí y para otros no

Entre los muchos temas que han estado en boga en los predios hípicos está el hecho de que al acumulado del 5 y 6 le han asesta...

Egbert Lewis
Egbert Lewis

Entre los muchos temas que han estado en boga en los predios hípicos está el hecho de que al acumulado del 5 y 6 le han asestado duros golpes durante tres jueves seguidos. Esas noches se han tornado peligrosas para una de las principales cartas que se juega la empresa hípica.

Sí, ya sabemos que el acumulado está allí para que se lo ganen, pero tampoco se trata de una piñata.

Son varios factores que se pueden tomar en consideración para tratar de encontrarle una explicación al fenómeno. Sin embargo, el público común y los que se hacen llamar "entendidos en la materia" coinciden en señalar que los resultados de la mayoría de las carreras nacionales tienen un tufo extraño.

 

Abundan los caballos que de la noche a la mañana pierden sus condiciones físicas, mientras que del otro extremo se aferran los que, al parecer, se levantan un día con ganas de correr más de lo común y esto trae consigo resultados que en nada se compadecen con lo que indican los antecedentes, la categoría, el pedigrí ni la lógica.

Sorpresas siempre van haber. Lo llamativo en el caso que nos ocupa es lo seguido que se están dando y, muchas veces, no es solo en lo que respecta a los ganadores, sino con ejemplares con posibilidades mínimas que repentinamente se "asoman" al marcador y cambian la historia de las apuestas y los dividendos.

Hace dos semanas, cuando se disputó la primera joya de la triple corona, se anunció con cornetas y redoblantes que las muestras fisiológicas de los ocupantes de los cinco primeros lugares serían enviadas a EE.UU. para su análisis. Esto es, hasta donde se supo, por común acuerdo de los dueños de caballos. ¡Qué bien!

 

Ahora resulta que las decisiones sobre los temas de análisis de laboratorio pasan por el tamiz de los dueños y la empresa, mientras que la Junta de Control de Juegos, que debe ser el fiel de la balanza, es un mero espectador porque no hay plata y, evidentemente, no le interesa mucho el asunto.

Alguien bien enterado nos comentó que en la Comisión Nacional de Carreras hay una presidencia que cuyo puesto lo ocupa interinamente una convidada de piedra. Igual pasa con el representante de los apostadores, entonces, se pueden imaginar cómo anda eso.

Pero volvamos al tema de los controles. Resulta obvio que el Laboratorio de Análisis de Drogas del hipódromo anda cojo. De ser lo contrario, no tendrían los dueños de caballos que estar consintiendo que las muestras de un clásico local se envíen a un laboratorio externo. Además, es injusto porque lo hacen para unos sí y para otros no. Así no se vale.

 

Resulta, entonces, que solo hay que preocuparse por los clásicos. Y pregunto: ¿Quién vela porque en las competencias regulares no pase nada fuera de lo común?

Será que los dueños, entrenadores y apostadores que intervienen en las carreras ordinarias son de Marte y los otros de Júpiter. Claro que no. Son los mismos, entonces, por qué la diferencia.

Hemos dicho que cada vez que podamos apoyaremos las iniciativas que se emprendan para estimular las apuestas, pero no podemos querer una cosa y crear las condiciones para producir el efecto contrario.

 

Después se ponen pálidos y andan con las caras largas cuando las apuestas diarias en las carreras nacionales parecen limosnas, pero no puede ser de otra manera si la gente está percibiendo que hay un "dejar hacer y dejar pasar" que se acentúa cada vez más.

Y si seguimos así, los fieles que quedan mirarán más hacia los eventos de transmisión simultánea, en los que las posibilidades son más amplias y el descaro, que también lo hay, por lo menos es a distancia.

Entre tanto, el acumulado del 5 y 6 seguirá pendiendo de un hilo, al igual que la hípica nacional en general.


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1040044
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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