El presidente colombiano Andrés Pastrana destituyó al comandante de la quinta brigada del Ejército, general Alberto Bravo, responsable militar de la región de Catatumbo (noreste), donde hace dos semanas grupos paramilitares de extrema derecha asesinaron a unos 50 campesinos, se anunció ayer jueves.
En un escueto comunicado, la oficina de prensa del mandatario señaló que Bravo fue llamado a "calificar servicios" en "uso de la facultad discrecional que la Constitución Nacional" le otorga al presidente.
La quinta brigada del Ejército tiene jurisdicción en la región del Catatumbo, fronteriza con Venezuela, que fue escenario de incursiones de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) en las que según la Defensoría del Pueblo fueron masacrados 50 campesinos.
La destitución de Bravo es la tercera de un alto oficial del Ejército, que se produce durante el último año, en relación con acciones cumplidas por grupos paramilitares en sus áreas de influencia.
El lunes el ministerio de Defensa había suspendido temporalmente de sus cargos a Bravo, y a los comandantes de la policía y el servicio secreto (DAS) en el departamento de Norte de Santander (fronterizo con Venezuela), en donde está ubicada la región del Catatumbo.
Una serie de incursiones de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) entre los poblados de La Gabarra y Tibú, las principales del Catatumbo, en la tercera semana de agosto dejaron un saldo de 50 campesinos masacrados, según un informe de Iván Villamizar, jefe de la oficina local de la Defensoría del Pueblo (ombudsman).
Tras las matanzas, el delegado de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Bogotá, Anders Kompass, acusó al gobierno colombiano de no haber "tomado las medidas y acciones necesarias para garantizar y proteger la vida y seguridad de los habitantes de esta región". Organizaciones de derechos humanos, habían alertado sobre las amenazas de paramilitares contra los campesinos de las zonas rurales comprendidas entre los poblados de La Gabarra y Tibú, en donde entre mayo y junio comandos de extrema derecha mataron a más de 60 campesinos, provocando un éxodo hacia Venezuela.
La zona del Catatumbo concentra cultivos de coca, materia prima de la cocaína, y es utilizada por los delincuentes como "corredor" para "importar" de Venezuela armas y sustancias químicas para procesar drogas, de acuerdo con autoridades policiales colombianas.
Según versiones periodísticas las incursiones de los paramilitares fueron motivadas por venganzas contra las guerrillas izquierdistas del Ejército de Liberación Nacional (ELN, guevarista) y el Ejército Popular de Liberación (EPL, antiguos maoístas), que tienen fuerte presencia en la zona.
El EPL secuestró el pasado 15 de agosto al obispo católico de Tibú, José de Jesús Quintero, para presionar por el inicio de un diálogo con el gobierno.
Por otro lado, veinte personas, entre ellas una mujer y varios ancianos, fueron asesinadas en una nueva incursión que las autoridades atribuyen a grupos paramilitares en una montañosa región del noroeste colombiano.
La incursión se registró la madrugada del martes y se prolongó hasta el miércoles en la mañana en cuatro caseríos del municipio de Yolombó, a unos 350 kilómetros al noroeste de Bogotá.
La arremetida dejó 20 personas muertas, entre ellas una mujer, un joven de 17 años, y por lo menos cuatro hombres mayores de 60 años, todos con por lo menos un tiro, algunos en la cabeza. Otros estaban maniatados y semidesnudos, dijo a la AP el doctor Carlos Alberto González, director médico del hospital de Yolombó.
"Quien hizo esto fue un bárbaro", dijo González, a cuyo hospital fueron llevados desde ayer temprano los cuerpos por las autoridades judiciales y médicas de la alcaldía, tras recogerlos en un camión. González, en conversación telefónica, aseguró que el vehículo partió nuevamente este mediodía hacia los caseríos por versiones de campesinos de que habrían otros 10 cadáveres.
Voceros de la policía de Yolombó dijeron que la matanza se atribuye al paramilitarismo, o las bandas que financian terratenientes y el narcotráfico para enfrentar a las guerrillas, pero aseguraron desconocer detalles sobre cómo ocurrió la incursión y cuántos hombres habrían participado en ella.