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Patria, himno, cultura y parafernalia

Comienzo por decir que me gustó la manera tan singular como Erika Ender interpretó el Himno Nacional. También me gustó que la directora del Inac, Mariana Núñez,


Comienzo por decir que me gustó la manera tan singular como Erika Ender interpretó el Himno Nacional. También me gustó que la directora del Inac, Mariana Núñez, intentara llenar el vacío que quedó luego de la malograda dramatización de la poesía Patria que intentó realizar la actriz Natalia Beluche Barrantes durante la premiación de los Miró. Pero de buenas intenciones y de actos bondadosos está lleno el mundo, y no por eso estamos mejor.

Erika Ender cometió una falta y Mariana Núñez también.

Aunque en ambos casos no avistamos ninguna intención de hacer daño, no podemos obviar que una transgredió la legislación que regula el uso de los símbolos patrios; y la otra, producto de la emoción más que de la razón, desempeñó un papel que no le quedó bien porque tuvo que apoyarse en su celular para declamar el emblemático poema de Ricardo Miró. La situación fue salvada por quienes estuvieron en el anfiteatro del Tribunal Electoral, que a coro, la ayudaron a continuar y concluir el inusitado episodio.

No se trata de censurar a nadie, sino de sacar las lecciones que nos dejan estos dos incidentes. En el caso del Himno Nacional, el consenso general parece apuntar hacia la necesidad de que se flexibilice la reglamentación. No es excusa que se diga que la gente no se aprende el himno o evita portar la bandera por temor a sanciones, pero hay que sentarse otra vez a discutir el tema.

Se equivocan quienes por quedar bien con Erika Enders y la opinión pública aplauden que se violente la ley; eso no es hacer patria. Seguramente, Ricardo Miró, Santos Jorge y Jerónimo de la Ossa no aprobarían que, en nombre del amor a la patria, pisoteemos nuestro ordenamiento jurídico.

En cuanto al incidente con la directora del Instituto Nacional de Cultura, aparte de lo anecdótico, ojalá sirva para dirigir el debate sobre la cultura hacia temas más importantes. Por lo visto se trata de una persona con ímpetu e iniciativa, características que esperamos canalice en beneficio de la institución y la cultura.

El Inac, la cultura del país, no necesitan de posturas histriónicas, mucho menos de tautologías, sino de una verdadera determinación para cumplir con los objetivos que sobre política cultural plantean la ley y la Constitución y que se prometieron en campaña. La Patria de Miró, la de Rubén Blades y la de todos los panameños así lo exigen. Todo lo demás es parafernalia.


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950976
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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