La larga carrera por la presidencia de la república concluyó hace 72 horas. Ahora la comunidad hípica se alista para sumargirse en los preparativos para el Gran Clásico Presidente de la República, pactado para disputarse el domingo 30 de mayo.
Hace diez años, cuando "el pueblo subió al poder", gran parte de la lucidez de la carrera cumbre de nuestra hípica se perdió ante la reticencia del mandatario de turno a concurrir al evento que se realiza anualmente.
Desde esta época para acá el clásico Presidente de la República se efectuó sin la presencia del jefe o jefa del Ejecutivo, aunque sin perder su colorido y prestancia.
A diferencia de lo que muchos pregonaban hasta la semana pasada, somos concientes de que la actividad hípica de por sí, no es la prioridad del país, pero sin lugar a dudas es una industria que, más allá de lo que se puede percibir a simple vista, representa el medio de subsistencia de un sinnúmero de personas y familias a nivel nacional.
Ojalá la "Patria Nueva" sea más benévola con la hípica y los hípicos y, además de honrar con la presencia del Presidente en los clásicos que se celebren a partir del 2005 en su honor, propicie las condiciones que permitan el repunte de este deporte que, a pesar de los tropiezos, sigue dando satisfacciones a los panameños.
Es de esperar que la nueva correlación de fuerzas en el país tenga sus efectos sobre el hipismo, toda vez que el gobierno mantiene bajo su control, a través de la Junta de Control de Juegos, la decisión de nombrar algunos funcionarios que operan de manera directa sobre el desarrollo de la actividad.
No queremos hacer leña del árbol caído, pero nuestra posición sobre la composición de algunos estamentos, es hartamente conocida.
Insistimos en que el espíritu del contrato suscrito entre el Estado y la empresa operadora, en la parte pertinente al nombramiento de los funcionarios del Laboratorio de Análisis de Drogas, el Cuerpo de Comisarios y la Comisión Nacional de Carreras, es excelente. Lamentablemente al menos dos de esas instancias se han convertido en un fuedo particular en el que priman el amiguismo y el acomodo en detrimento de los más caros intereses de los apostadores.
Contrario de lo que muchos piensan, la principal flaqueza que sufre el hipismo es la falta de confianza de los apostadores. Esa desconfianza, que se traduce en timidez a la hora de apostar, es producto lógico de la percepción de que quienes juzgan y deciden son juez y parte.
Esta es una tarea sencilla que debiera resolverse a partir del mes de septiembre. De allí en adelante, tanto la empresa operadora y sus nuevos socios estratégicos, en coordinación con los auténticos representantes de los dueños de caballos, criadores y entrenadores, entre otros, debieran corregir el rumbo y hacer lo que la lógica y la práctica universal indica para poner en buen camino al Deporte de los Reyes.
Sería muy triste que el gobierne cambie, que el país cambie y la hípica siga igual, aún cuando tiene todas las condiciones históricas, estructurales y estratégicas para, por lo menos, mantenerse a flote.