El autobús que transporta a los jugadores de la Roja se aparcaba en los estacionamientos del Rommel Fernández a las ocho menos cuarto. Puerta abierta y el primero en salir era Felipe Baloy. Alegría notable del “capi”, que cantaba a todo pulmón una música vallenata, que retumbaba dentro del vehículo. Quizás el nuevo técnico de la selección de Panamá, el colombiano Hernán Darío Gómez, tuvo algo que ver con la elección del tema.
La música no solo contagió a Baloy, sino también a otros jugadores, en especial a Nahill Carroll, a quien también se le vio muy a gusto con la canción, de la cual desconozco la letra y el autor.
Pero vayamos a lo nuestro, a Nicolás Muñoz, la gran novedad del día. Abandonaba del autobús un jugador tras otro, pero “Yuyu” no aparecía. Los vidrios ahumados del transporte dificultaban ver con claridad quiénes aún no habían bajado. De repente, se aprecia la silueta de una persona con unos tacos en la mano. ¿Era Muñoz?, pues no. Se trataba de Óscar McFarlane, quien, al parecer, había tomado una siesta en el camino del hotel al coliseo, la cual, sin querer queriendo, se prolongó de más.
McFarlane, sin embargo, fue luego el primero en salir a la cancha. Mientras “La Bruja” atendía a un fanático, nos enterarnos que “Yuyu” había llegado al recinto antes que sus compañeros. El ariete viajó aparte, ya que el lunes, día en el que arribó al país, estuvo con su familia y no en la concentración, con permiso del entrenador.
Con la ropa de trabajo puesta, los futbolistas empezaban a apersonarse al campo. El sol intimidó a más de uno. Román Torres se lo tomó con humor: “apaguen ese foco”, dijo. Tras el momento jocoso, apareció por fin “Yuyu”.
Entró con cara seria, midiendo cada paso, como si supiera que las miradas estaban puestas sobre él. Empero, ese semblante frío le duró muy poco, específicamente hasta que comenzara el popular juego del “bobito”. Ahí empezaron las risas y la complicidad con sus compañeros. Quien veía a Muñoz jamás pensaría que era “el nuevo” del grupo.
“Nicogol” estaba liberado, con la cara de quien pudo quitarse un gran peso de encima.
Con el que más intercambió miradas y palabras fue con Baloy.
Al final del entreno, como era de esperarse, fue uno de los dos jugadores que compareció ante los medios; el segundo, detrás de “Pipe”.
Muñoz ingresó al salón de conferencia. Se sentó en la silla. Mirada baja mientras escuchaba la primera pregunta. Mojaba con la lengua sus labios, mientras iba procesando su respuesta. Guardaba mesura.
“Es un sentimiento de alegría, fueron muchos años de espera...”, expresó sus primeras palabras entre un acento algo extraño, como una combinación entre el panameño y salvadoreño. “Me siento bien física y mentalmente”, añadió.
“Nicogol” no cree que esté obligado a marcar en estos fogueos y pidió “paciencia” a la gente.
“Creo que lo de los goles viene con el trabajo, ojalá tengamos la oportunidad de marcar, jugaremos contra rivales de primer nivel, la gente tiene que tener paciencia, porque son partidos muy difíciles y hay varios que venimos llegando y tenemos que agarrar la idea”, dijo.
Luego de esta respuesta, llegó la pregunta que le sacó la primera sonrisa (que trató de disimular) de la conferencia. Al ariete se le cuestionó sobre su trabajo de ayer sobre el campo. Jugó en el cuadro que apunta a salir titular frente a Serbia, y aunque se ubicó como “9”, se le vio muchas veces retrasando bastante su posición.
“Puedo jugar de nueve o de mediapunta, como en el último torneo (con el Metapán). Me siento cómodo en ambos sitios”, señaló.
Para concluir, ex Águila aseguró que no le “asusta” Brasil, pero sabe que este será un choque especial.
“Son todos unas estrellas, algunos nuestros ídolos, son partidos que te marcan la vida”.