De regreso a mi escritorio veo una llamada perdida que proviene de un teléfono desconocido. La curiosidad me mata y decido marcar de vuelta, por dos razones: a lo mejor me llamó una fuente para darme el dato que me salvará la semana o puede ser alguna llamada de emergencia, que siempre son posibles cuando hay gente menuda en la familia.
Tomo un teléfono fijo y marco el número en cuestión. Me identifico y procedo a explicar el motivo de mi comunicación. Del otro lado me contesta una dama, aparentemente apresurada, y al fondo escucho varios teléfonos timbrar y más voces femeninas contestando.
Después de informarme de dónde me hablaban me dijo que: -Yo lo llamo de vuelta-.
No hice más que cerrar cuando ya estaba sonando nuevamente mi celular. La misma voz que escuché un minuto antes me informa que me gané no sé qué cosa y que para hacer efectivo el premio o la oferta -al final no quedé muy claro- debía presentarme en sus oficinas ese mismo día a más tardar a las 6:30 de la tarde.
Para mala suerte de ella y su compañía, hace un mes un pariente había recibido la misma llamada y cuando acudió a la cita se encontró con que el premio o la oferta era algo así como una pelea de un tigre contra un burro amarrado.
Como esta llamada, a diario uno es sometido a una variedad de amenazas que vienen desde todos los flancos. Por un lado las empresas de telefonía ofreciendo sus fastidiosas promociones que ponen los teléfonos a vibrar a cada rato y por otro, las cadenas no deseadas que lo acosan a uno desde el alba. A todo esto sumemos que en la radio nos digan “no te atrevas a cambiar el dial” o desde la televisión le ordenen a uno que se quede allí hasta que ellos vuelvan.
Obviamente, que no estamos obligados a obedecer ninguna de estas amenazas con antifaz de exhortos que nos transmiten con sutileza, pero resulta paradójico que en tiempos de libertad y autodeterminación, haya quienes no se han dado cuenta de que somos muchos los que nos gusta hacer lo que nos da la gana, sin imposiciones.
¡Ah! y nos molestan las llamadas que, además de perdidas, sean impertinentes.