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Pero qué aburrimiento…

Aquí estamos. Revolcándonos en los mismos temas como gorrinos en lodo. Y es aburridísimo. Fácil, cómodo, pero soporífero. Vemos el movimiento pendular, seguimos el vaivén del reloj y nos entretenemos, cual seres sin cerebro, en lo que la voz del amo nos ordena.


Mónica Miguel Franco (Antropólaga, actriz y escritora) / Antropólaga, actriz y escritora

Abro los ojos por las mañanas y, tras prepararme un litro de té negro y obligar a mis neuronas a ponerse a medio gas, reviso la actualidad. ¿Algún cataclismo fresco que echarnos al coleto? ¿Algún gran personaje que ha decidido tocar el arpa? ¿Qué ha habido de nuevo mientras yo correteaba con Morfeo por las praderas rosa chicle de mis sueños? Pero todos los días termino con la misma sensación de hastío. Lo mismo de siempre protagonizado por los mismos de siempre. Más de lo de todos los días. ¿Será que en Panamá no hay otras noticias? ¿Será que en éste país es cierto que nunca pasa nada? Quizás es que esa completa falta de noticias reales nos obliga a tener que repetir una, y otra, y otra vez lo mismo.

Los noticieros estelares son cintas sin fin repitiendo las mismas líneas, en supuestas noticias de última hora que, con muy pocas excepciones, son exactamente iguales que las de ayer, las de anteayer y las de hace cuatro días. Llega un momento en el que los temas han sido tan manidos que ya se transparentan. Lo peor para los que tenemos memoria es que son los mismos temas que eran en el gobierno pasado y en el anterior, es como el juego de las sillas, ahora te sientas en ésta, y cuando vuelve a sonar la música bailamos y te sientas en la otra. La novedad, medito yo, es ver quién se queda sin silla. Si a esa repetición cíclica sumamos que los comentaristas son siempre las mismas caras que se mueven de canal en canal y de emisora en emisora, repitiendo las mismas frases hechas una y otra vez, yo tengo la sensación de estar viviendo en el día de la marmota. Como una cinta sin fin, la pesadilla se repite cada vez que apago la alarma.

Pero no crean que hablo sólo de la política ¿eh? Qué va, aquí cuando cogen un tema lo desgastan, ya sea un nuevo programa de televisión que te meten hasta en la sopa, o el precio de la gasolina. Me da igual lo que sea, la cosa es que no hay imaginación, ni interés en mostrar la actualidad completa. Porque, a pesar de que los panameños quieran creerlo, Panamá no es el centro del universo. Hay vida más allá de grabaciones y bailes. Hay otros asuntos que tratar, datos que ofrecer, noticias buenas y malas de otros lugares. La vida no se concentra en la capital. Pero no. Aquí estamos. Revolcándonos en los mismos temas como gorrinos en lodo. Y es aburridísimo. Fácil, cómodo, pero soporífero.

Así que últimamente prefiero empezar mi día leyendo la Iliada, por ejemplo, a ver si las historias de Aquiles y Patroclo me hacen olvidar un poco tanta mediocridad que nos rodea. Porque creo que nos hemos olvidado del buen gusto y la mesura. Obviamente, del honor y la veracidad ya nos olvidamos hace mucho tiempo, y de la imparcialidad también. Y la imaginación está más que arrumbada.

Ahora sólo nos queda la repetición como fenómeno estético.

O como mecanismo hipnotizador, pienso yo de pronto. Vemos el movimiento pendular, seguimos el vaivén del reloj y nos entretenemos, cual seres sin cerebro, en lo que la voz del amo nos ordena. Izquierda, derecha, izquierda derecha, día tras día siempre lo mismo. Los que manejan los hilos de las marionetas se mueren de la risa tras bambalinas viéndonos ver las mismas escenas una y otra vez, distrayendo nuestra atención. Y todos les seguimos el juego y miramos solo para donde ellos quieren que miremos. Qué miedo.


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882594
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América