Con su gabinete casi completo, George W. Bush mantiene viva la esperanza de que algún miembro del partido opositor le abra la puerta para cumplir con las buenas intenciones de incluir demócratas en puestos destacados de su Gobierno. Pero aún así, el tono netamente conservador de la conformación del gabinete ya está sellado.
Y, para el colmo, cada día se acrecentan las críticas contra los nombramientos ya anunciados, comenzando con el del derrotado senador John Ashcroft de Missouri al cargo de secretario de Justicia, ya que muchos consideran que representa a la extrema derecha.
Ahora se suma el de Gale A. Norton, una activista conservadora, que ocupará la directiva del Departamento del Interior, que grupos de defensa del medio ambiente consideran augura el eventual abandono de los refugios naturales en Alaska en favor de la explotación de los recursos petrolíferos de la región, que el propio Bush considera una "necesidad estratégica".
Aunque el nombramiento del equipo que conformará la política exterior de Bush-el secretario de Estado, general retirado Colin Powell, el secretario de Defensa Donald Rumsfeld y la Asesora de Seguridad Nacional Condoleeza Rice-tiene credenciales de excepcional competencia intelectual y eficiencia, los críticos lo consideran ideológicamente inclinado a realzar las soluciones militares a las políticas.
A la luz de esta tendencia, los analistas consideran dudoso que Panamá, con su pendiente litigio con el Departamento de Defensa, tendrá interlocutores más receptivos a sus demandas que el Pentágono para que acabe la labor de limpieza de los polígonos de tiro que Estados Unidos abandonó cuando el Canal hace un año regresó a la soberanía panameña. Estos también opinan que con Bush se endureceran los argumentos esgrimidos por el gobierno del presidente Bill Clinton para que Panamá colabore "más estrechamente" en la lucha antidrogas, que a veces suena como un eufemismo para un acuerdo de "tropas visitantes".
Sin embargo, mucho dependerá de quiénes serán nombrados a los niveles secundarios a cargo de asuntos hemisféricos, tanto en el Departamento de Estado como en el Consejo Nacional de Seguridad bajo la dirección de la doctora Rice.
Algunos especulan que a falta de demócratas en el gabinete, uno de los altos cargos del Departamento de Estado podría regresar a Bernard Aronson, un demócrata que fungió como secretario adjunto de Estado para Asuntos Interamericanos en el gobierno del padre del presidente-electo.
El anuncio de que el cómputo oficial ahora registra un aumento del voto popular de más de 300,000 votos a más de 500,000, tampoco ayuda a calmar los rencores de algunos legisladores demócratas que aún creen que les fue robada la victoria. Por eso es casi seguro que varios de los nombramientos de Bush encontrarán una cerrada oposición cuando serán enviados para su confirmación al Senado donde los Republicanos apenas tienen una mayoría de un voto.
Antes de volver a su rancho de Texas para recibir el año con la familia y sin periodistas, Bush nominó en Washington de una sola vez a cuatro ministros. Una serie de altos cargos en el área de política doméstica para los que ha recurrido a dos veteranos del Gobierno de su padre, a otro gobernador republicano como él mismo y un segundo afro-americano.
Ademas de Norton, una activista republicana que se inclina hacia el conservadurismo político en cuestiones de medioambiente y economía, Bush designó a su gran aliado político Tommy Thompson, para el relevante Departamento de Salud y Servicios Humanos.