He visto en dos ocasiones la repetición del tercer capítulo de la trilogía entre Juan Manuel Márquez y Manny Pacquiao y todavía no encuentro por dónde fue que perdió el azteca.
Incluso, cuando observé las dos repeticiones, le bajé por completo el volumen de la televisión para no sentirme influenciado por los comentarios parcializados de los periodistas mexicanos, que transmitieron el pleito a través del Canal 39 de Cable Onda.
Al final, ni este “handicap” a favor del filipino le pudo dar la victoria. Confieso que fue un pleito ajustado, pero que en mi tarjeta favoreció al mexicano por dos puntos.
Luego de esto me queda cada vez más claro que la única oportunidad que pudo haber tenido Márquez ante Pacquiao era noqueándolo. La razón es obvia: Pacquiao vende cinco veces más que Márquez, y una victoria del mexicano representaba una catástrofe para los “maleantes” de saco y corbata del boxeo, porque les echaban por tierra el negocio nunca antes soñado, una pelea “billonaria” contra el estadounidense Floyd Mayweather Jr., como fue atinadamente bautizada por el panameño Roberto “Mano de Piedra” Durán.
Me imagino que la noche del último sábado en Las Vegas, Nevada, más de cuatro de esos empresarios que están detrás de ese negocio soñado, tuvieron que estar con el corazón en la garganta luego de que se escuchase el último campanazo que marcaba el final del combate. Esa noche les faltó uñas para acabar con sus nervios, porque habían sido testigos de una presentación fenomenal de Márquez, quien le dio una lección técnica, táctica y estratégica a Pacquiao.
Lastimosamente para Márquez, pesó más el anuncio que había hecho Mayweather de estar interesado en pelear con Pacquiao el 5 de mayo de 2012. Un anuncio que llevó a que los tres jueces vieran la pelea del pasado sábado de espaldas al cuadrilátero.