El entrenador Phil Jackson puede ser un gran profesional, diplomático y sicólogo, pero al máximo responsable técnico de Los Angeles Lakers cada día se le complica más la crisis generada con la reivindicación de estrella única que han iniciado el pívot Shaquille O"Neal y el escolta Kobe Bryant.
El duelo de egos entre O"Neal y Bryant se ha convertido en el gran centro de atención de la liga y en el mayor dolor de cabeza y reto que ha tenido Jackson como entrenador en toda su exitosa carrera profesional.
Jackson intenta encontrar la formula ideal para que la "paz verdadera" llegue al seno de los Lakers, algo que de momento no ha ocurrido porque lo único que se ha dado es un "cese de hostilidades" con la promesa de las partes de discutir el asunto en privado.
Sin embargo, Jackson está cada día más desbordado por el asunto y lo demostró cuando de forma furiosa y sin control acusó a los medios de comunicación de ser los responsables de la crisis que se vivía en los Lakers para luego tener que "matizar" sus declaraciones.
"Es inadmisible el acceso diario que los periodistas tienen a las actividades que se dan dentro del equipo, aunque reconozco que la culpa no es de ellos sino de nosotros y de la NBA que estableció las reglas de la cobertura informativa", declaró Jackson.
El entrenador de los Lakers sonaba muy diferente de cuando durante la "era" Michael Jordan y los Bulls de Chicago utilizaba al máximo los medios de comunicación estadounidenses y extranjeros para resaltar la figura del mejor jugador del mundo e inclusive para quejarse constantemente cuando perdía o no le gustaban los arbitrajes.
Su comportamiento lo llevó a ganarse el apodo del "llorón" porque siempre se estaba quejando de todo lo malo que, según él, le hacían a Jordan en el campo y los árbitros no lo veían, una política que le dio excelentes resultados en los momentos decisivos de las Finales.