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Pilas bautismales, corsarios y cuentos

En un par de días la muy noble y leal ciudad de Panamá ajustará (como dicen en los textos cursis en las sociales, debajo de una foto


Mónica Miguel Franco (Antropóloga, escritora y actriz) / Antropóloga, escritora y actriz

En un par de días la muy noble y leal ciudad de Panamá ajustará (como dicen en los textos cursis en las sociales, debajo de una foto de estudio de escaso gusto) un año más de vida. La primera ciudad europea fundada a las orillas del inmenso Pacífico, aquel Mar del Sur que les pareció calmo y preñado de promesas a los que alcanzaron sus costas después de haber cruzado un mundo.

Nuestra Señora de la Asunción de Panamá tiene en su memoria gestas, traiciones, batallas y derrotas. Pero nadie (bueno, no seamos mezquinos, casi nadie) las recuerda. Como la mayor parte de los hechos históricos aquí, el desarrollo de la Ciudad de Panamá se pierde en la nebulosa de las mentiras bien condimentadas que se cuecen en los libros de texto con los que atarugamos a nuestros hijos. Y la realidad se desvanece porque no es tan bonita.

Tengo alumnos en la universidad que no saben que el ataque pirata a la antigua ciudad de Panamá se fraguó en el Caribe y cayeron sobre los españoles, no desde el mar Pacífico, sino desde tierra adentro. Tampoco saben algunos de ellos que el fuego que la destruyó no fue provocado por los piratas, sino por los mismos defensores, para evitar que los corsarios pudieran hacerse fuertes en la ciudad, que en ese momento era indefendible. Son datos concretos, reales. Hechos emocionantes porque es lo que ocurrió. Porque podemos, al leerlos o al escucharlos, imaginar el miedo, la huida ciega, mirando por encima del hombro hacia el monte que se cernía tras de ti mientras esperabas ver aparecer desde allí al filibustero.

Los periodistas no ayudan, cometiendo errores de bulto en los artículos de portada donde escriben sin empacho que los restos de Henry Morgan fueron arrojados en una caja de hierro en el fondo del río Chagres. Interesante conclusión cuando sabemos de buena tinta que Morgan murió en su cama siendo gobernador de Jamaica en 1688 y fue enterrado en el cementerio de Palisadoes, en Port Royal. ¿Será que lo desenterraron posteriormente y tiraron sus restos al Chagres? ¿O será que el periodista confundió la gimnasia con la magnesia, a Morgan con Drake y el Chagres con la bahía de Portobelo?

Mi punto es que de nada sirven las grandes conmemoraciones ni los desfiles impregnados de fervor patriótico si no sabemos lo que estamos celebrando.

Pero aquí seguimos gastando montones de dinero en gestos efectistas, tela invisible que creará un vestido impenetrable de estupidez con el que nos cubriremos de la cabeza a los pies.

El año que viene se conmemora la llegada de los europeos al Mar de Sur. Y se les ha ocurrido que la forma de celebrarlo es traer a Panamá una réplica de la pila bautismal de Balboa. ¿En serio me lo están diciendo? ¿No un congreso de expertos con un libro posterior con investigaciones exhaustivas? ¿Una réplica de la pila bautismal? A veces no doy crédito a lo que leo. Pienso que lo que pasa es que me están tomando el pelo y no, resulta que no, que es verdad, que la gente hace esas estupideces y luego pretenden que todos aplaudamos, como los que alababan sin medida el traje nuevo del emperador, aunque el emperador anduviera en pelota picada por la calle haciendo el ridículo.

Morgan está hundido en el Chagres, a la ciudad de Panamá la atacaron al mejor estilo de Errol Flynn, a cañonazos desde el mar, y vamos a tener la pila bautismal de Balboa (o casi). Somos el país de las maravillosas mentiras históricas. Y orgullosos de serlo.


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832520
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América