Nace un rostro en la poesía panameña. Nos referimos a la arquitecta Gymara de Obaldía, quien nos presenta su primer poemario que tiene el nombre de “Pinceladas de Mujer”.
Ella comienza a tener gusto por la poesía desde muy niña, tal vez como todos los escritores que incursionan desde muy joven, contando sus vivencias en forma de prosa que la mayoría de las veces se quedan en papel y tinta, guardadas en un cajón sin que salgan a la luz.
La poesía siempre desvela nuestros más íntimos sentimientos, nuestra manera de sentir y pensar que casi nunca la compartimos, y esto hace esta nueva autora que sale a la luz con su primer libro de poemas, bellamente editado y construido desde su niñez con un final a su edad adulta.
Tal como ella misma lo manifestó en su prólogo, su pasión por la poseía es tan grande que sus ideas escritas en servilletas, o despertar de madrugada con un pensamiento que había que escribir y darle forma en forma de prosa. Empezando este ejercicio en los años 70, y ahora le da forma a lo que ella denomina “aquellos que vivimos de la esperanza, los soñadores de la vida”.
Leamos y disfrutemos uno de sus poemas:
Cuando pasan los años se comprende mejor,
Que el amor pasa de ser intenso,
A ser compañero…
A sentir la diferencia entre encadenar el deseo,
Y sentir sólo cariño por agradecimiento,
Recordando que se han compartido muchos momentos...
Cuando pasen los años….
Sabemos reconocer cuando el cuerpo ardía de deseo,
Y entendemos muy bien,
¡ cuando el cuerpo se conforma con vivir de recuerdos!
Reconocemos que por un beso,
Se perdía la conciencia,
El alma quedaba presa…
Que después con el paso del tiempo,
Ese mismo beso se acepta,
Recibirlo en la mejilla,
O dulcemente,
pero en la frente...
Con el paso de los años,
Toda la magia por la cual vivimos soñando
acaba por acostumbrarnos,
Se transforma de un amor apasionado,
En un amor vacío y callado.
Con el paso de los años…
Tú estás aquí, pero ausente,
¡Viviendo por costumbre…. Aquí a mi lado!
Esta obra ya está en el catálogo vivo de autores panameños, en el que ella se levanta y dice “la poesía no ha muerto”, vive y vivirá aún más, cuando nos reclama un espacio para el disfrute de esta, la otra parte de la literatura, la poesía, que siempre expresa la nobleza de quien la escribe.