Es muy divertido oír a la gente hablar con aquellos ilusos que pretendemos vivir de algo que no sea la política, el robo (huy, acabo de caer en cuenta de que en los tiempos que corren eso es una redundancia), la administración de empresas, la banca o la abogacía. En la Feria del Libro que termina hoy he tenido muchas oportunidades de escuchar la misma conversación repetida. Te hablan con fingida admiración, te dicen cosas como: ‘Ah, escribes, ¡qué bonito!’, y ves en su cara que están pensando: ‘Vaya tarada, ¿de qué carajo pretende vivir?’
Multiplicad eso por un número alto cuando, además, se enteran de que escribes poesía… ¡y que te atreves a publicarla! Sí, muchos parabienes. ‘A mí me encanta leer poesía’. Pero sabes perfectamente que todo es falso, que pasan de la poesía como pasan de la ortografía, por ejemplo. O del ballet, o la ópera. O de los dramas en teatro. Casi nadie compra dramas en teatro y tampoco hay demasiada gente que compre poesía. Ni filosofía, para qué nos vamos a engañar. La novela tiene mejor suerte. Aunque últimamente muchos esperan a que salga la película. Y no, ni siquiera en el cine, o en Dvd o Blu-ray. No. Ahora directamente se descargan lo que quieren. Y gratis.
Claro. Y eso no es robo. ¿Verdad? Los piratas son románticos y guapos, y rescatan damiselas y se las llevan en la proa de su bergantín hacia el atardecer caribeño.
Sí, yo tengo muy claro que yo no voy a poder vivir de vender libros de poesía. Porque la masa que se lanza a comprar millones de ejemplares de unas cuantas sombras pseudosadomasoquistas nunca va a agotar la edición de mi último libro de poesía. Entre otras cosas porque uso palabras extrañas, ¿A quién se le ocurre usar palabras como bergantín? Si es que no tengo remedio. Tampoco van a darse de bofetadas por descargarse gratis mis poemas de internet. Qué va. Los que piratean no leen poesía. Tampoco vas a poder encontrar entre los éxitos que te venden en los semáforos la última de Lars von Trier.
Ésta sociedad de piratas prosaicos no se ha dado cuenta de que la filosofía, la filología, la literatura, el arte… todas esas ramas de la sabiduría se llaman ‘humanidades’… ¡Anda! ¿No habían caído en cuenta? ¿Y adivinen por qué? Pues porque eso es lo que nos hace humanos. El arte, la literatura, la poesía, la belleza, eso es lo que nos convierte en humanos. No los valores en bolsa, ni Chello Gálvez.
Nos estamos olvidando de que para que un escritor pueda escribir, también tiene que comer, para que un poeta pueda escribir, tiene que poder pagarles la escuela a sus hijos. Y sí, los actores actuamos porque somos felices sobre las tablas, pero, ¿saben qué? Nosotros también tenemos hipotecas, y si no pagamos el agua y la luz, nos la cortan.
Es muy bonito ser piratas en una fantasía de peleas a espadas, pero piratear libros y películas, es robarle a la humanidad la posibilidad de seguir siéndolo. Darle una palmadita en el hombro a un poeta o a un fotógrafo y decirle: ‘¡Me encanta tu obra!’, sin rascarte el bolsillo para pagar un ejemplar, es lograr que ese poeta o ese fotógrafo deje de poder mostrarle al mundo su visión de la belleza. Y descargarte de internet la última película no es ser cool. Es ser un vulgar ladrón.
Pero quizás eso es lo que merece esta sociedad donde la poesía se pierde en un laberinto de ratones persiguiendo quesos, monjes con los secretos de un Ferrari, y latigazos ridículos.