Considerando:
que la palabra da a luz al hombre,
que la belleza tuvo nombre creada por las manos,
que en cada territorio hay una danza de pasiones,
que quien no sepa amar, puede hacerlo desde su butaca,
que resucita un Lumiére en la pantalla postrada a los ojos,
que nosotros no pedimos ser lo que ustedes creen;
Por ello decimos:
que no somos dueños de la verdad, pero la necesitamos;
que no somos sujetos de crédito, pero vivimos,
que ciertamente no merecemos un salario, pero tenemos hijos,
que la vida puede continuar sin nosotros, pero ya no sería vida,
que los libros no se comen, pero alimentan,
que nos hemos llamado artistas sin el permiso de nuestras madres, pero nos atrevimos a correr el riesgo,
que cada noche cuando las secretarias se acuestan a dormir olvidando sus sueños, nosotros inventamos las historias con que van a soñar toda la vida,
que la canción con la que enamoraste a tu amante la hizo un borracho, despreciable, vagabundo, suicida y rata como nosotros,
que no somos un producto de exhibición, ni pueden vendernos como llaveros,
que ustedes no tendrán casas-museo si nosotros no tenemos casas,
que ustedes no van a poder ser del país de tal o cual artista si no dejan vivir a sus artistas,
que la capa de ozono, la crisis financiera y el virus de la influenza acabarán por ser el único teatro al que tendrán entradas gratuitas,
que las matemáticas nos enseñaron a contar cuánto nos falta, pero el arte nos ha mostrado siempre cuánto tenemos,
que este poema no tiene ni la más remota intención de convencerlos, sino de enamorarlos,
de hacer el amor con sus conciencias,
de arrancarlos del frío que es vivir sin esperanza,
de lo ingrato de los buses sin destino,
de lo triste de un país sin su cultura.