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Poesía: esa otra forma de existir

Cada experiencia poética es individual y debe interpretarse y valorarse en términos de la búsqueda de cada poeta y de su propia concepción de poesía...


A la poesía se le ha comparado con casi todas las formas de artificios posibles, sin que nadie haya podido verdaderamente definirla a satisfacción completa de escuelas y teorías. Los propios poetas se han sentido interpelados ante el llamado y han intentado dar una respuesta. Bécquer lo expresa en la pregunta de su sujeto poético “¿Qué es poesía? ”

Más allá de una definición, lo realmente importante es que esta manifestación estética, sintética por excelencia, ha acompañado a los seres humanos desde tiempos inmemoriales, y que aún hoy en nuestros días sigue siendo un verdadero bastión de resistencia ante todo lo adverso, lo material, lo finito, lo más absolutamente momentáneo y perecedero. Todo un cuartel de inviernocomo la llamó el poeta español Luis García Montero.

La supervivencia de la poesía radica en que ella es en sí misma una actitud vital, una cosmovisión. Durante siglos han existido espíritus reguladores y escuelas reduccionistasque han pretendido cifrar toda su existencia en un conjunto de prescripciones técnicas, en unas cuantas recomendaciones, en fin, en un instructivo llano, huérfano de lo más esencialmente humano. Quienes no han entendido que ese rapto de realidad y lenguaje, chispa diminuta con que empieza la creación poética, no es más que el principio de una operación mucho mayor, podrán ser llamados artesanos del lenguaje, versificadores, inventores de imágenes y formas externas, pero no poetas. Para hacerlo, y a esto llega el consenso de los tiempos, falta un factor vital, el saberse poeta que deberá manifestarse en el talante del escritor frente a su propio universo.

 

Tareainsensata, vuelo, rapto, cárcel, cilicio, mar, encuentro, clímax, camino… la poesía significa una sacudida del yo a manos del propio yo; no en vano en la antigüedad los poetas eran llamados vates, porque en esa sacudida el poeta tiene forzosamente que ver más allá, no importa en qué dirección, pero ciertamente más allá de su realidad circunstancial y tangible.

Esto no implica que la poesía tenga que entenderse en términos de lo enigmático, cualquier lector incauto podría pensar que es una tarea aprensiva o temeraria, cuando pudiera no serlo. Cada experiencia poética es individual y debe interpretarse y valorarse en términos de la búsqueda de cada poeta de su propia concepción de poesía, en los acercamientos que el lenguaje rebelado le permita a esa concepción, en una especie de juego de alternancia entre la ruptura y la tradición.

Tal vez haya quien piense que la experiencia poética es mucho más fácil de lo que aquí tratamos de exponer y que se limita a tomar un lápiz y una hoja de papel y escribir… (Miguel Hernández, se sentaba a la sombra de un olivo a escribir los más profundos y dolidos versos con sus manos rústicas de pastor, mientras sus ovejas pacían…), pero el asunto no es así, de allí que todo poeta comprenda sus necesidades y carencias porque cuando poetiza se desnuda ante en cuerpo y alma frente a los demás, en un acto impúdico, que es quizás lo más cercano a la iluminante experiencia de apreciar el alma de otro ser humano.

 

Estas reflexiones me permiten arriesgarme a decir (a mi propia suerte) que sin lenguaje no hay poetas, pero tampoco los hay si ese lenguaje es sólo forma vacía, cifra desprovista del sentido humano que el tiempo y la interacción le han dado. Más aún, no hay poeta si en la larga noche de la creación no hubiera una estrella que lo guíe, incluso, cuando esa estrella y esa noche no lo sean y entre la conciencia desesperada del poeta no signifiquen más que el embrión de una Palabra nueva que empieza a pugnar por existir.


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470485
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América