La decisión del papa Juan Pablo II de nombrar al arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani, connotada figura del Opus Dei, como nuevo cardenal de Perú, ha generado una fuerte polémica al subrayar sus críticos que el nuevo purpurado tuvo una estrecha relación con el destituido ex presidente Alberto Fujimori.
Los cuestionamientos más severos provienen de los organismos defensores de los derechos humanos y de sectores de la izquierda peruana que califican a Cipriani como "cómplice de la dictadura fujimorista y de la guerra sucia".
La ministra de la Mujer y de Desarrollo Humano, Susana Villarán, comentó que su designación "no ha sido una buena decisión del Vaticano".
"El nombramiento del arzobispo de Lima como cardenal no es una buena noticia; como defensora de los derechos humanos he mostrado una posición tolerante pero firme y manifesté mi posición discrepante con la del obispo Cipriani", señaló.
Los analistas consideran que Cipriani representa el ala convervadora de la Iglesia Católica peruana, mientras el ala progresista la representaría el obispo de la ciudad norteña de Chimbote, Luis Bambarén, quien es presidente de la Conferencia Episcopal Peruana.
Bambarén comentó a la prensa que desde hace algún tiempo se esperaba la designación de Cipriani como cardenal.
"Era de esperar porque si se nombraban cardenales a los arzobispos de Buenos Aires, Santiago, Quito, Bogotá, Caracas, Tegucigalpa, hubiese quedado un vacío si no se nombraba en el Perú", refirió.
Bambarén precisó que la elección de Cipriani no altera de ninguna manera las funciones internas de las autoridades de la iglesia peruana" y que "no supone nada especial en cuanto a autoridad y jurisdicción".