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Pollos e idiotas

El chupacabras. Los extraterrestres que llegan en ovnis a darse un paseíllo por aquí cuando no tienen nada más que hacer. El rostro de Cristo en una


Mónica Miguel Franco (Antropóloga, actriz y escritora) / Antropóloga, actriz y escritora
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El chupacabras. Los extraterrestres que llegan en ovnis a darse un paseíllo por aquí cuando no tienen nada más que hacer. El rostro de Cristo en una tostada. La gente (la peble, como dirían en Roma) somos una panda de pendejos. Y no lo mando a decir con nadie.

Con la que está cayendo en el mundo. Con países en crisis galopantes. Con la clase política embarrada en mierda en todas partes del mundo. Con jurados que absuelven a tipos que disparan, matan, y después preguntan, sólo porque eres negro. Con dictadoruchos con cara de niño gordito y malcriado que tratan de pasar por nuestro territorio armas envueltas en dulce. Con Oriente Medio a un par de tiros de explotar en una tremenda conflagración, y vas y te encuentras con esto para desayunar: un usuario de una red social ha denunciado que la canción del ‘Pollito Pío’ tiene mensajes satánicos subliminales. ¡Chúpate esa!

Me levanté, me lavé la cara y me hice un té bien cargado a ver si despejaba, porque creí que era yo la que había leído mal. Pues no. ‘Drógate, drógate’ dicen que dice. ‘Te voy a matar’. Aseguran que se oye. Y lo mejor, lo sublime, lo inefable es que dicen que se escucha: ‘El negro te come’. ¡El negro te come! ¡Eureka! ¡Albricias! Por fin hemos descubierto el misterio de la canción, ya no tenemos que seguir preguntando a la mami una y otra vez lo que quiere el negro. Ya lo tenemos claro, el Pollito nos lo ha revelado: el negro lo que quiere es comerte. Y te come.

Yo no sé si reírme o llorar. Darme fuerte en la cabeza para ver si logro entender a los seres humanos. O seguir las indicaciones del pollo y lanzarme de cabeza a la droga. Porque no entiendo como alguien puede decir, (y supongo que quedarse luego tan ancho), que como su perro temblaba mientras él oía la pendejada del piar del pollo, él tuvo ‘la idea de escucharla al revés y a un 50% de su velocidad normal’, y que ‘los resultados son aterradores’.

Efectivamente los resultados son aterradores, porque ¿a quién en su sano juicio se le ocurren esas ideas? ¿Será que yo ya estoy posesa? Porque si mi perra se pone a temblar yo lo achaco a frío, o a nervios, pero nunca, jamás de los jamases, se me ocurre poner la canción que estoy oyendo al revés y a la mitad de la velocidad para ver si tiene mensajes satánicos. ¿Será que es un iluminado? ¿Podrá escuchar las voces angélicas además de las satánicas piadas por el pollo? ¿Caminará entre nosotros un Juan de Arco? ¿Habría que avisarle que su antecesora terminó hecha chicharrón?

¿No tenemos nada más en lo que pensar? ¿No tenemos suficientes preocupaciones serias en nuestra vida? ¿En serio?

¿En esto es en lo que nos hemos convertido? ¿En una masa de tarados balbuceantes que oímos mensajes satánicos en canciones pendejas? ¿Cuándo empezaremos con la caza de brujas?

Y fíjense que no protestaría yo si cazáramos a los que siempre se lo han merecido, no. Lo malo es que seguro que, en ésta época como en todas, cuando el lumpen se arrebata, los que sufren son los que menos culpa tienen de nada. Mientras tanto, los que tienen la sartén por el mango se regodean y se mueren de la risa al ver lo facilito que se nos entretiene. Somos como niños pequeños, apenas nos mueves algo de colorines delante de la cara, nos olvidamos de la inyección que nos están metiendo por atrás.


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889736
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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