“Poema: objeto hecho de palabras que secreta substancias reacias a las definiciones” O. Paz
Voy derechito al tema que me tiene embrujado: el tiempo. El tiempo, lago congelado en el que patinamos sin encontrar orilla; atmósfera de lirios, mensajes, estornudos, luces y sombras donde respiramos sin tocar el aire; espiral de rayos por donde suben Borges, Cantinflas, Manolete y Pelúa, entre sorpresas, cañonazos y silencios de su muerte. El Tiempo, tan valioso para mi vida, fue neblina en forma de carcajadas que derroché en la primera etapa de la vida, pero poco a poco se convirtió en monedas de oro puro que, sin poder evitarlo, escaparon del bolsillo y rodaron buscando la vanidad de un horizonte.
—¡Bravo, Neco! –aplaude mi vanidad.
—Eres un ciempiés saltando garrocha –me desinfla la razón.
—¿Qué quieres?, me gusta elucubrar. ¿O está prohibido?
En un almuerzo con un amigo, se nos ocurrió hacer un poema a dos manos para un grupo de señoras que almorzaban a un saludo de distancia. Nos tomó diez minutos escribir ocho versos rimados que fuimos a leer a dos voces ante la sorprendidas señoras. Recordé un escrito de Unamuno en el que decía que escribir un poema es algo muy personal (nosotros choteamos ese principio), y que se necesita más de nueve meses para gestar uno que sea eterno. Muy bien, don Miguel, reconozco que lo nuestro no fue un poema, que los minutos que nos tomó cocinarlo y el minuto que nos tomó decirlo fue lo que duró su vida. Pero las bellas sonrieron, y no hay que ser un Bécquer para palpar una ñizpa de eternidad en la sonrisa de una mujer.
El tiempo es azogue derramado en mesa de mármol. ¿Con qué uñas lo recogemos? El tiempo es una diosa de cuya cabellera cuelgan galaxias, luceros, abrazos, sustos, hamacas, suspiros y chistes de colores. Meciéndome en un cabello del almanaque, tomo impulso y pretendo arrancarle algo. ¡Qué afán de absorber mi entorno y soñar con el universo! Es así como intento sentir la sustancia de la vida.
“Time is money ulula su resoplar de toro, / junto al sueño latino clavado en una cruz, / ¡Oh síntesis grotesca de aquel prócer refrán moro / que dijo bellamente, el tiempo es polvo de oro / colmillos de elefante y plumas de avestruz”.
Memoria mía, eres más infiel que la Tulivieja. Me mortifica no poder recordar al autor de estos versos, mas estoy seguro que gozará porque sus versos persisten en el tiempo.