A principios de marzo de 2010, en medio de la visita a Israel del vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, el Gobierno israelí anunció nuevos planes de construcción en los territorios ocupados de Palestina en Jerusalén este.
El anuncio, que no fue el primero ni el último, provocó la reacción de Estados Unidos. El 13 de marzo, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, calificó el anuncio expansionista como un insulto.
En respuesta, Hagai Ben-Artzi, el cuñado del primer ministro Benjamín Netanyahu, reaccionó en defensa propia, declarando desde la radio del Ejército que el Presidente estadounidense era “antisemita, antiisraelí y antijudío” y le pidió a su suegro que diga “no” a las interferencias estadounidenses. Sobre todo las injerencias del doctor Obama, a quien “no sólo no le gusta el Primer Ministro, sino que tampoco le gusta la gente de Israel”.
El primer ministro Netanyahu rectificó los dichos de su cuñado en un comunicado oficial: “Tengo una profunda gratitud por el compromiso del presidente Obama con la seguridad de Israel, el cual ha expresado muchas veces”.
Sin embargo, Ben-Artzi se vio obligado hacer lo mismo, aunque extraoficialmente, afirmando que él sí “conoce las opiniones sobre Obama” de su cuñado, el Primer Ministro, pero no puede divulgar lo que “dice en conversaciones privadas”.
Días después de lo que las agencias noticiosas calificaron como la peor crisis en décadas entre Estados Unidos e Israel, el Primer Ministro israelí viajó a Estados Unidos para entrevistarse con el presidente Obama. En medio de esta entrevista sin cámaras ni grabadores extraoficiales, la noticia de un nuevo plan de construcción en otra área en disputa en Jerusalén sorprendió al Presidente norteamericano y al mismo ministro israelí.
El Presidente se molestó con la noticia del plan y el Ministro se molestó con la noticia. Acusó a la izquierda israelí de haberla filtrado y de no poner los intereses de Israel ante cualquier cosa.
Poco más tarde, el 22 de marzo, en un discurso ante uno de los “lobbies” más poderosos del mundo, el Comité de Asuntos israelí-estadounidense, el primer ministro Netanyahu fue muy claro: “La paz no se puede imponer desde afuera. Solo es posible a través de negociaciones directas en las cuales creamos un ambiente de confianza mutua” (“Peace cannot be imposed from the outside. It can only come through direct negotiations in which we develop mutual trust.”)
Lo que demuestra que el problema palestino es un asunto interno de Israel.
Según los autores de The Israel Lobby and U.S. Foreign Policy(2007), los profesores John Mearsheimer (University of Chicago) y Stephen Walt (Harvard University), el Comité de Asuntos israelí-estadounidense es uno de los “lobbies” de mayor poder en Washington. “El “lobby” no desea un debate abierto porque este podría llevar al pueblo americano a cuestionar el nivel de apoyo que le ofrece [al Gobierno de Israel]. Consecuentemente, las organizaciones pro israelíes trabajan duro para influir en las instituciones que se encargan de dar forma a la opinión pública […]. La mayor dificultad que ha encontrado el “lobby” ha sido al tratar de sofocar el debate en los campus universitarios […] Lo que más preocupa son los esfuerzos que han hecho los grupos judíos para presionar al Congreso para que establezca mecanismos de monitoreo sobre los dichos de los profesores” (traducción del autor).
Mearsheimer y Walt concluyen que, “ninguna discusión sobre este “lobby” estaría completa sin un análisis de una de sus principales armas: la acusación de antisemitismo”.
El Gobierno de Israel ejerce el legítimo derecho a su autodefensa, especialmente, contra aquellos palestinos que en sus discursos niegan la existencia de Israel. Uno de los mecanismos de esta autodefensa consiste en aceptar en los discursos la existencia de un Estado palestino y negarla de hecho en la práctica.
Sin duda, Israel un día permitirá que el pueblo palestino tenga su propio país, su propio Estado, su propia ley. Pero eso será, quizás, cuando el Estado de Israel no se sienta amenazado. Desde enero de 2009, los cohetes que arrojan las milicias palestinas ya han matado a un campesino tailandés.
Mientras tanto, el correcto uso del lenguaje es más importante que cualquier incorrección práctica, como lo es la colonización por la fuerza para crear un ambiente de confianza, o la suspensión de derechos humanos de pueblos que son hostiles a las buenas intenciones de los primeros ministros.
Pero si el argumento de la seguridad no es suficiente, hay otros. El primer ministro Benjamin Netanyahu dijo que el pueblo judío construyó Jerusalén hace tres mil años. Los indicios o evidencias arqueológicas que afirman una edad anterior a este poblado no son tenidos en cuenta, no solo porque no proceden de las escrituras sagradas, sino porque, además, el relato científico no se refiere a una gran ciudad, sino a un primitivo poblado cananeo.
Algunos cambios se han hecho desde entonces, como en México D.F., luego que Dios entregó Tenochtitlán a Hernán Cortés y al catolicismo.
Algunos templos no existen más en Jerusalén. Otros se han construido en su lugar o encima. También se han agregado algunas viviendas, algunas torres, se han asfaltado algunas calles, se han agregado algunos semáforos. En fin, se han hecho algunos arreglos en los últimos dos mil años en que Palestina y Jerusalén estuvieron, ilegalmente, en manos de persas, griegos, romanos y árabes.
Claro que estos últimos pueblos no cuentan. Lo que cuenta es quién estuvo primero. Exceptuando aquellos infieles cananeos que habitaban Palestina antes de que el pueblo de Moisés arribara y tomara posesión por mandato divino.
En su discurso ante el Comité israelita, el primer ministro Benjamín Netanyahu informó: “Mi primer nombre es Benjamin. Este nombre tiene mil años de antigüedad. Benjamin se llamaba el hijo de Jacob. Uno de los hermanos de Benjamin se llamaba Shimon, el que viene a ser el mismo nombre de mi buen amigo, Shimon Peres, el presidente de Israel. Hace aproximadamente cuatro mil años, Benjamin, Shimon y sus diez hermanos recorrieron esas colinas de Jerusalén. El pueblo judío construyó Jerusalén hace tres mil años y ahora lo está construyendo de nuevo”. (traducción del autor)
Todo lo cual, tal vez, está en concordancia con el Antiguo Testamento:
“Entonces, Jehová dijo a Moisés: No le tengas miedo porque en tu mano lo he entregado, a él y a todo su pueblo, y a su tierra; y harás de él como hiciste de Sehón, rey de los amorreos, que habitaba en Hesbón. E hirieron a él y a sus hijos, y a toda su gente, sin que le quedara uno, y se apoderaron de su tierra”. (Números, 21:34, 35)