Resulta hasta cierto punto confortante saber que la mayoría de los panameños conserva el interés por la participación electoral (75%), superando incluso a países de más amplia tradición democrática como Costa Rica (71%), según revela un informe sobre la gestión de sistemas electorales en Centroamérica y Panamá (1990-2007).
Lo anterior debería interpretarse como un espaldarazo o como una voz de aliento por parte de los electores a los partidos políticos criollos y a la respectiva oferta electoral de sus candidatos.
Sin embargo, arribar sin más a una conclusión simplista como esta, puede resultar paradójico y hasta contradictorio, sobre todo si tomamos en cuenta, por ejemplo, el pobrísimo desempeño por parte de los partidos políticos (de gobierno y oposición), en tratar de favorecer una cultura democrática y de verdadera participación ciudadana, que no quede limitada solo al asunto electorero. Además, los anémicos resultados en materia de implementación de políticas económicas, por parte de la gestión gubernamental en nuestro país, para promover el empleo, mejorar la educación, salud, seguridad, administración de justicia y disminuir los niveles de pobreza, quedan por demás eclipsados por el manejo de cifras engañosas sobre crecimiento económico, que en efecto se da, pero de manera elitista, para favorecer a los sectores políticos y empresariales ligados invariablemente mediante actos de corrupción, al partido político gobernante en cada caso.
Platón en su libro La República dividió la sociedad en tres castas: los dirigentes (los que piensan), los soldados (los que cuidan) y los plebeyos (los que obedecen). De esa concepción primitiva y limitada de la democracia, afortunadamente nuestro país, pese a lo que pueda decirse en contra, ha dado algunas importantes señales de madurez y evolución política en la dirección correcta. A manera de ejemplo, me parece rescatable el hecho de que al menos en la actual contienda, la mayoría de los políticos ha entendido, por fin, que los electores saben leer entre líneas, y ya no se dejan impresionar fácilmente por la publicidad apabullante, ni por los discursos vacíos. Así lo demuestran claramente los sondeos de opinión aplicados hasta la fecha por diferentes encuestadoras. Es innegable que el pueblo ha aprendido a reconocer a cada pájaro por su canto, y eso es bueno para el país.
Por otro lado, en el aspecto institucional, la incorporación del proceso de elecciones Primarias, por parte del Tribunal Electoral, es un avance significativo en el perfeccionamiento de nuestra democracia y en la depuración del proceso electoral en su conjunto (aunque algunos oficiosos calculadores estén diciendo ya lo contrario argumentando razones económicas). Esta práctica limita, en efecto, la posibilidad de seguir atrapados (tanto electores como candidatos) en la camisa de fuerza representada por la partidocracia tradicional, que escoge y pone candidatos al antojo de la junta directiva de los partidos políticos.
El verticalismo rampante de arriba hacia abajo, que hasta hace poco imponían con facilidad los partidos políticos, amparados en las reglas del juego existentes, ha empezado a dar señales de cambio. Aquello de dirigentes (los que piensan) y plebeyos (los que obedecen) es ya parte del pasado en nuestra incipiente democracia.
Así las cosas, la actual contienda política con vísperas a las elecciones del 3 de mayo, revela interesantes indicadores sobre las preferencias políticas de los electores, y sobre la percepción mayoritaria del pueblo acerca de quién es quién.
El pueblo parece haber abandonado las prácticas masoquistas del pasado y se encuentra hastiado de la corrupción demostrada en gobierno, por los dos partidos mayoritarios, PRD y Panameñista, cada uno en su oportunidad y no está dispuesto, por lo visto, a que los mismos oportunistas e incapaces pajarracos regresen a hacerle compañía a las garzas y nos entonen la cansona armonía de siempre.
Invariablemente, así lo entendió con buen tino y decencia política, aunque más tarde de lo aconsejable, el candidato Varela al declinar sus aspiraciones presidenciales y unirse como corresponde, a la propuesta del cambio que el pueblo con justicia reclama.
No ha sido el caso de otros miembros de la avifauna del escenario político nacional, como el ex presidente Endara y su partido Vanguardia Moral, que consciente o no (a saber), ha preferido escuchar la siringe de sus canarios, aunque algunos dicen que del señor Menalco Solís (de conocidos trinos cuartelarios), quien intenta, por supuesto, infructuosamente dividir los votos de la oposición y con ello, eventualmente, hacerle un flaco favor al PRD.
Otro partido, candidato idóneo a desaparecer después de las elecciones venideras, por propia combustión espontánea es el Partido Popular, otrora denominado Partido Demócrata Cristiano. Este caso es en verdad digno de un análisis aparte. Todos recuerdan la inclaudicable y decisiva trayectoria de este partido, del cual incluso yo formé parte en la lucha civilista del pueblo panameño por derrocar la dictadura militar imperante. Es más, podría decirse sin temor a equivocarnos, que el partido de la estrella verde (hoy Partido Popular) ha sido el único partido de convicción ideológica, organización y principios políticos no meramente electoreros, con que ha contado efímeramente nuestro país a lo largo de su devenir histórico.
Pero hoy, eso es historia patria. Como dice el viejo adagio popular: “El que anda con la miel algo se le pega”. Las recientes y desafortunadas declaraciones del Dr. Ricardo Arias Calderón en la convención de su partido, donde ratificó la alianza con el PRD y afirmó que: “Arnulfo Arias cayó tres veces, pero las tres veces se lo buscó”, contrastan de manera diametral con el perfil del líder de talla internacional que muchos panameños llegamos a admirar por su determinación y valentía, encabezando la lucha civilista que enfrentó a la dictadura de los militares golpistas. Es lamentable y en verdad produce, al menos en mí, mucha pena y vergüenza, observar cómo un hombre de su estatura política, en las postrimerías de su vida, decide voluntariamente hacer añicos su integridad y sus principios.
Pero en fin, todos estos pasajes y acciones de nuestros políticos forman parte del aprendizaje y evaluación que el pueblo hará con su natural sapiencia, por lo que sin duda, los electores estaremos mejor preparados para las próximas elecciones. Esta vez, equivocarse es más difícil y con seguridad lograremos reconocer a tiempo a cada pájaro por su canto, antes de depositar el voto en las urnas el próximo 3 de mayo.