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Por el país que quiso

"Lo que hizo no lo hizo por un interés personal sino por Panamá, fue una persona que tuvo puestos tan altos en Estados Unidos, que pudo tener allí una vida regia con los más altos honores, y sin embargo optó por su país"


Por un momento, antes de comenzar a dar volteretas, la niña se detuvo ante la imagen de su septuagenario abuelo, quien con una concentración a prueba de truenos devoraba un informe que recién le había llegado. Lo miró detenidamente como por un siglo, y lo percibió impasible, sentado frente a su escritorio, con aquel documento entre las manos que, como siempre, al amparo de la luz de su poderosa lámpara, acaparaba toda su atención. Ella sabía, sin embargo, que él había descubierto su presencia desde el mismo momento en que había entrado al tranquilo y amplio dormitorio-oficina, pero como en un pacto tácito, ella haría sus volteretas, rodaría en su entorno como una vigilante sigilosa, pero tan solo complementaría la escena donde él parecía un dios y ella una parte inseparable de su magia.
Ya para esos años, finales de 1980 mediados de 1990, Roberto Máximo Manuel Heurtematte Espinosa no era aquel funcionario activo, que había conocido el país en décadas anteriores. Hombre público, había sido embajador de Panamá en Washington, negociador de los tratados Remón-Eisenhower, Contralor de la República o uno de los primeros panameños en la directiva del Canal de Panamá. Victoria y su hermana Elizabeth, las únicas nietas de Don Roberto, lo recordarían menos activo, identificado más con la finca San José, a orillas del río Pacora, que para ellas, personificaría la imagen y la personalidad de su abuelo.
Hasta su edad de niñas él fue el abuelo; el de los cariños y los mimos, con el que desayunaban en aquella casa llena de árboles y animales, sobre la avenida Federico Boyd, entre las calles 49 y 50. Pero ya de adultas entre fotos, recuerdos y testimonios familiares; entre noticias y archivos nacionales, confirmarían que, aquel ser que sentían tan de su propiedad personal, era parte de ese colectivo de panameños destacados con cuyos aportes se había construido la República.
"Lo que hizo no lo hizo por un interés personal sino por Panamá, fue una persona que tuvo puestos tan altos en Estados Unidos, que pudo tener allí una vida regia con los más altos honores, y sin embargo optó por su país, y no es que la cosa aquí fuera mejor", subrayó Victoria Heurtematte esta semana cuando habló para Semblanzas, en medio de fotos de todos los eventos y de todas las citas y los encuentros, mientras que el brillo sostenido de sus ojos delataba cómo buscaba en el archivo de su memoria de niña aquellos años, aquellos detalles y aquellas características de Don Roberto Heurtematte.
El miércoles próximo, en el Museo del Canal Interoceánico de Panamá se inaugura en memoria de Don Roberto la sala de exhibición El Canal norteamericano1914-1979. Y es que a lo largo de su intensa vida de hombre público, en distintos momentos y escenarios históricos, la personalidad sobre la cual escribimos estuvo vinculada estrechamente a la batalla centenaria del país por recuperar su soberanía plena sobre la otrora zona del canal, y la devolución del canal a manos panameñas. Como embajador de Panamá en Washington en 1955 estuvo muy de cerca de las negociaciones de los tratados canaleros Remón-Eisenhower, y en los años 70 contribuyó también a la materialización de los canaleros de 1977, Torrijos-Carter.
Su amplia relación con altas figuras estadounidenses, fue una contribución decisiva en la consecución de esos pactos, lo que explica por qué, cuando en 1980 se instala la Junta Directiva binacional del Canal de Panamá, Roberto Heurtematte era uno de los cuatros panameños que la integraban, junto a Ricardo Alonso Rodríguez, Fernando Manfredo y Edwin Fábrega.
Para una ubicación en la memoria colectiva bastaría con recordar al Bazar Francés, aquel almacén prestigioso que funcionó por varias décadas en la Avenida Central, y con cuyas modas se vistió por muchos años lo más sobresaliente de la sociedad panameña. Había sido establecido por los abuelos de don Roberto, Don Máximo Heurtematte y Doña Ernestina Platet de Heurtematte, dos emigrantes franceses que llegaron a Panamá a finales del siglo XIX, en medio de aquellas migraciones que arribaron al istmo por distintas razones, la construcción del Canal interoceánica entre ellas.
Con la decisión de permanecer en el país, Máximo y Ernestina trajeron luego a sus siete hijos, tres mujeres y cuatro hombres, entre estos últimos Roberto Carlos Heurtematte Platet, quien en mayo de 1908 contraería nupcias con Doña Elisa Espinosa Remón de Heurtematte (Mama Tita), hija del prócer de la independencia Don Manuel Espinosa Batista.
De ese matrimonio nacerían Roberto Máximo Manuel Heurtematte Espinosa y Cecilia Isabel Heurtematte Espinosa.
No hay países sin rostros, y como en las vivencias de sus figuras sobresalientes está la propia biografía del país, entender a este último pasa por conocer esos rostros, el momento que les tocó vivir y las ejecutorias que cumplieron en tiempo y espacio.
Hombre de empresa y hombre público, las acciones de Don Roberto Heurtematte Espinosa encuentran raíz en la formación familiar y en la académica. Mientras que de la primera asumió el carácter emprendedor del empresario, de la segunda cultivó una excelente formación académica, lograda en Estados Unidos. Se trata de una gestión que se extiende desde 1947 hasta 1os años 80 y durante la cual ejercería cargos relevantes, nacionales e internacionales.
Un escrito de 1994, elaborado en ocasión de su muerte, da cuenta del temprano vínculo de Don Roberto con los trabajos de la tierra y la ganadería, en la finca de San José, otrora construida por su abuelo Don Manuel Espinosa Batista a orillas del Río Pacora. Después, en los albores de la adolescencia fue enviado a norteamericana para que realizara sus estudios de nivel secundario en The Hotchkiss School, y obtuviera luego su licenciatura en Humanidades en la Universidad de Yale.
A su regreso al país asume la gerencia del Bazar Francés y "le hace innovaciones, moderniza el negocio familiar y lo constituye no solo en lugar de compras de grandes marcas internacionales, sino también en un lugar de encuentro de las damas de la sociedad panameña", revela un documental que deberá ser presentado este miércoles durante la inauguración de la sala en su honor en el Museo del Canal Interoceánico.
Así que en su labor empresarial, Roberto Heurtematte conjuga jornadas agropecuarias, comerciales y conexiones internacionales. Estas últimas le servirían no solo para sus propios negocios, sino para la consolidación de etapas importantes del país, considerando el número plural de relaciones que tendría en Estados Unidos.
Su Currículo los sitúa como Gobernador por Panamá ante el Fondo Monetario Internacional en Washington D.C. en 1947, como negociador de los Tratados Remón-Eisenhower en 1953, gobernador de Panamá ante el Banco Mundial en 1951-1954; representante permanente de Panamá ante la Organización de Estados Americanos en las mismas fechas; embajador extraordinario y plenipotenciario de Panamá en Washington D.C., Contralor de la República y subsecretario General de la Organización de Naciones Unidas, y Comisionado para Asistencia Técnica. En 1965 fue Director del Fondo Especial de Naciones Unidas y entre 1966 y 1968 volvió a ser sub Secretario General de la Organización de Naciones Unidas; administrador asistente del PNUD.
En 1968 cuando los militares derrocaran al Doctor Arnulfo Arias, la familia Heurtematte Espinosa sufrió expropiaciones de la finca que les heredara su abuelo, una injusticia corregida luego. Posteriormente contribuye con sus conexiones al éxito de las negociaciones de 1977.
Entre 1980 y 1982 Roberto Heurtematte fue miembro de la Junta Directiva Binacional del Canal de Panamá, una posición desde la cual contribuyó a la designación oficial del Puente Tatcher como Puente de las Américas, en enero de 1981 y a la instalación de 18 cámaras de circuito cerrado de televisión en torres ubicadas en las tres esclusas, en el Corte Gaillard y en las aproximaciones de los océanos Atlántico y Pacífico.
Pero no se trata solo de los cargos que ocupó sino de la manera que lo hizo. Contralor de la República entre 1954 y 1959, Roberto Heurtematte dejó sentada una personalidad independiente, con conciencia de la importancia y la proyección del cargo que ocupaba y de la irreductibilidad de su persona.
Un incidente con la Alcaldía de Panamá por esos años cuando el Contralor Heurtematte ordenó una investigación fiscal sobre los fondos del municipio, generó un sinnúmero de especulaciones y amenazas a fin de que fuera detenida, pero el titular señaló claramente que La Contraloría no es susceptible a presiones políticas ni de otra índole, tal cual lo titula un periódico de la época. Otro diario afirmó entonces editorialmente que en ese cargo está el hombre para el puesto en una referencia a Heurtematte Espinosa, para calificarlo luego como un funcionario que a sus excepcionales capacidades (...) une la firme convicción de servir con eficiencia y con toda honradez..."
Otros ejemplos dan cuenta de su sagacidad como negociador, y de su firmeza como panameño. El expresidente Arístides Royo lo destaca muy bien en un escrito que tituló Por una Libra de Carne:
"El 14 de abril de 1955, tres meses después de la firma del Tratado de Entendimiento y Cooperación entre Estados Unidos y Panamá, el Gobierno del norte anunció sorpresivamente que no enviaría el tratado al Senado para su ratificación, si antes no se le pagaba la deuda de 800 mil dólares que, en su opinión, se le debía en concepto de agua. Vale la pena recordar a las jóvenes generaciones que no conocieron cómo era la Zona del Canal, que los estadounidenses tomaban el agua de nuestro propio río Chagres, la procesaban en la planta instalada en Miraflores, que estaba bajo su jurisdicción, y luego nos la vendían a los panameños. En 1953 decidieron elevar en un 30% la tarifa del agua que suministraban a las ciudades terminales de Panamá y Colón, y como esta alza unilateral fue motivo de discusión entre ambos gobiernos, el de Panamá suspendió los pagos que hacía por el uso de nuestra propia agua, mientras se resolvía el diferendo surgido.
Bob Heurtematte era en ese entonces contralor general de la República y, antes de ocupar este cargo, había estado en Washington como embajador de Panamá. Raudamente expresó su sorpresa y, atónito, señaló que Panamá pagaría esa deuda el 30 de junio de 1960. Añadió que: "Estados Unidos estaba exigiendo una libra de carne. Esto se hace cuando se está muy disgustado con alguien. Por mi vida, no puedo comprender por qué Estados Unidos debe adoptar tal actitud contra Panamá. Tampoco puedo entender por qué un tratado negociado por nuestros dos gobiernos deba ser juzgado, en cuanto a su ratificación, basado en el pago de una deuda".
La alusión a "una libra de carne" hecha por Don Bob, hacía referencia a la célebre obra de William Shakespeare titulada El mercader de Venecia, en la cual un avaro acreedor exige el pago perentorio de una deuda, en dinero o, en caso contrario, en una libra de carne cortada a su voluntad del propio cuerpo del deudor."
Para la familia Heurtematte, el homenaje que se le rinde a Don Roberto el próximo miércoles es parte del agradecimiento a quien supo cumplir con su país y con su familia. Para los panameños debe ser uno de esos rostros que caracterizan la tenacidad nacional por construir el país que hoy tenemos. Con esa clase de hombre siempre estaremos en deuda. Nada extravagante sería que en su sistema educativo Panamá fuera contemplando la posibilidad de darle rostro a las distintas etapa de su formación; nombres no faltan, sobre todo para que las nuevas generaciones tengan puntos de referencia sobre cuáles fueron los forjadores del país que hoy disfruta. Sin dudas, cuando se haga la lista de los hombres que hicieron posible este país, allí figurará Roberto Heurtematte Espinosa.


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247772
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América