Si se hubiese disputado un poco más temprano en la temporada, podría argumentarse que el partido de los Patriotas de Nueva Inglaterra en la casa de los Gigantes tendría un claro perfil de desafío peligroso para los primeros.
Pero el partido más importante de la última fecha de la temporada regular de la NFL tiene varios ribetes que le ponen ciertos cortapisas.
Lo innegable es que la atención es total para ver si los Patriotas (15-0) podrán convertirse en el primer equipo en terminar invictos una campaña regular desde los Delfines de Miami de 1972.
Salvo evitar malograr la cita con la historia de Nueva Inglaterra, los Gigantes carecen de incentivos. Pase lo que pase, no subirán o bajarán posiciones y abrirán los playoffs la semana que viene contra Tampa Bay.
Tom Coughlin parece tentado en buscar la victoria, aunque parezca inalcanzable. Lo cierto es que si el partido se ponga disparejo rápidamente, casi que seguramente no apelará a titulares como Plaxico Burress, Brandon Jacobs y Gibril Wilson, todos con diversas dolencias físicas. "Estamos en los playoffs y nuestra preclasificación no variará. Desde ese punto de vista tenemos que hacer lo que mejor pueda beneficiar a nuestro equipo, pero quiero que nuestro equipo pueda estar lo más afilado posible", dijo Coughlin, ingeniándoselas para esquivar la pregunta sobre si los Gigantes pondrán toda la carne en el asador.