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Por escuchar a Chaikovski

"Contamos con el arte para que la verdad no nos destruya". Nietzsche


Ahora sí me despido de mis discos de larga duración. No me queda de otra. Conservaré algunos por si las moscas. Por si los oídos del mundo recapacitan y se dan cuenta de que no habrá mejor sonido que los archivados en esos anchos y delgados platos de vinil, reproducidos meticulosamente por una aguja de zafiro o diamante en los fieles tocadiscos. El primer empujón que los arrinconó vino de los casetes, frágiles cintas que absorbían polvo como esponjas húmedas y que se trababan como arriera sin pestañas.

Rápido pasaron las cintas al olvido de los trastes viejos. Ahí las tengo, no por la esperanza de que vayan a volver sino porque todavía las puedo escuchar en mi desvencijado tocacintas.

Estamos en el reino de los CD. Arrogantes y filosos juran y rejuran que llegaron para quedarse. ¿Cómo creerles? Todo pasa, todos pasamos. Pero entretanto, necesito escuchar música. De pronto...

 

¡Uácata! Descubro YouTube. Entre los trucos maravillosos del Internet aparece este Web, una olla gigantesca, llena hasta la cereta de sonidos e información; de música salsosa, de videos históricos y de inefable música clásica. Significó mi reencuentro con los clásicos.

Descubrí esta huaca yo solito, juro que mis nietas no me ayudaron. Donde decía “Buscar” escribí Chaikovski y, a un mágico toque de “return”, aparecieron cuadritos con orquestas y directores a cuyos costados se leían los títulos de los conciertos que ofrecían. Escogí la 1812. Apareció en la pantalla Ozawa al mando de la Filarmónica de Berlín. Al empezar el concierto cerré los ojos y volví a revivir la saga de Napoleón en Rusia. Su triunfal avance, la tristeza de poblaciones arrasadas, los campos incendiados; la llegada de Napo a la desolada e inhóspita Moscú, coincidiendo con la entrada del pavoroso invierno ruso. Compases más adelante empieza el descalabro del relamido general. Polvorosa en nieve. Vuelvo a erizarme con lascampanas y los cañones al final de la Obertura. Reflexiono un poco.

¿Qué pasó ciento veintinueve años después? Otra caricatura de emperador invade la Madre Rusia. Alemania, con fábricas rodantes, aviones, tanques y un ejército de hombres cegados por la obediencia, rompe un pacto que nunca debió existir e invade la tierra de Fiodor, Anton, Gorki, Leon y Boris. En un trágico juego de errores, los de Hitler resultaron peor que los de Stalin y la historia de Napoleón vuelve a repetirse.

 

Y todo por escuchar a Chaikovski.


fecha edicion
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450413
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América