[B]“Para ti soy ateo. para Dios, la oposición” Woody Allen[/B]
Éramos cazadores en Bellavista. Una pequeña tribu de neandertales, aspirantes sin muchas esperanzas a sapiens. Y seguramente con el cerebro más chico, pues cazábamos por diversión y no para sobrevivir. Armados de biombos, una manaña, ya habíamos asesinado a un pájaro carpintero y a un pecho amarillo. Frente a la embajada de Santo Domingo, nos salió un pequeñuelo (tal vez de cinco o seis años) y nos gritó en tono lastimero: «¿Por qué matan los pájaros, por qué, por qué?» Nos reímos del chiquillo y proseguimos nuestra bárbara expedición. Ahora pienso que nuestra risa era nerviosa porque ninguno de nosotros hubiese podido responder a la pregunta del niño. ¿Por qué matamos los pájaros? Ahora quizá hubiese respondido: «Porque éramos salvajes, sin capacidad para entender lo preciosa que es la vida, seres sin piedad, sin talento para reflexionar.
Años más tarde cayó en mis manos El libro de los por qué, de la colección del Tesoro de la Juventud. Lo repasé, atesoré algunas de sus respuestas y seguí tan ignorante y campante por la vida.
Esta mañana, de ningún lado me cae un aluvión de preguntas:
¿Por qué amanecí hoy con tantas dudas? Por qué me pongo a barajar las preguntas sin pensar en las respuestas? ¿Por qué me resultan tan familiares estos signos de interrogación? ¿Por qué yo creo entender y superar lo que tú piensas y no admito, ni por un instante, que tú puedes creer lo mismo? ¿Por qué nací en Panamá y no en Viento Frío? ¿Por qué no busco un remo para pegarle en la cabeza a los zánganos que hablan tantas huevonadas? ¿Por qué desistí hace cuarenta años de soñar con el Premio Nobel de Literatura? ¿Por qué algunas veces, al contrario de Rubén Darío, cuando quiero reír no río y a veces río sin querer? ¿Por qué sigo leyendo a Wittgenstein si me aburre? ¿Por qué creo que el capitalismo es malvado si tengo dos plazos fijos que me dan para pagar la luz y la gasolina? ¿Para qué colecciono chistes que no repetiré nunca? ¿Para quién escribo mis soliloquios si estoy convencido de que alguien escondió mi verdad en el culo del mundo? ¿Por qué no me avergüenza sentir tantas ganas de amor como si fuera un chiquillo alborotado?