En esta entrega comienzo con Edgar Schein, teórico organizacional a quien culpo, de iniciar mi obsesión por la cultura, tema al que vuelvo una y otra vez, inevitablemente.
Este concepto de Schein me resultó tan rotundo (el de cultura organizacional), que tomé conciencia de que había ecos de sus ideas en otras áreas del conocimiento. La identidad, deduje, es una suposición de la realidad y, a la vez, una construcción absolutamente válida de la realidad. Después de todo, cultura organizacional fue hija del matrimonio de la cultura antropológica con un señor apellidado Organizacional, ¿cierto?
Como sea, dado que, no sé si lo saben, el término cultura tiene una raíz lingüística común con la palabra cultivo, lo que vamos sembrando en la huerta personal o de un país o del orbe todo, se convierte con los años, en presunciones básicas individuales o compartidas.
Y de ahí solo tuve que dar un paso para llegar a una conclusión que me ha iluminado ya por varios años: todo, absolutamente todo lo que rodea a un pueblo, a cualquier pueblo sobre la tierra, debe ser interpretado, o más bien incendiado –dependiendo de la fogosidad del carácter - a la luz de la conciencia, para que el escritor-lector pueda completarse como ente que se identifica y que se quiere identificable.
Pero di un salto sin mayores explicaciones y eso merece una rectificación. Salté de mi formación meramente administrativa a hablar de escritores y lectores. ¿Cómo ocurrió eso? Lo que pasa es que con el propósito consciente de afinar la tesis con la que me graduaría de ingeniería industrial, el inconsciente de coronar un vicio secreto que había tenido desde niño, el de escribir en las últimas páginas de mis libretas escolares, y el obvio de seguir a una mujer que a la postre se convirtió en mi esposa, entré a un taller literario y cumplí con la primera tarea de narrar una historia. Me sentí, entonces, tan en casa, tan hijo pródigo que regresa por fin y que es festejado por ese padre bueno que es siempre la palabra escrita, que me mantuve por varios años en dichos jardines.
Entonces sumé a la definición de cultura organizacional, la de cultura experiencial, la de la bohemia, y lo más importante, la del cortejo a palabras finas, a palabras orgullosas, que pude más o menos convencer de rendirse.
Bueno, en la siguiente entrega hablaremos de escribir sobre la ciudad de Panamá. Hasta luego.