Cada vez son más frecuentes y, por ende, abundantes la cantidad de publicaciones de libros en nuestro medio, lo cual supone un motivo de alegría, pero también de compromiso.
Recientemente, compartimos con algunos amigos una nota que publicó el periódico El País de España (http://www.elpais.com/articulo/portada/escribo/elpepusoceps/20110102elpepspor_9/Tes) en la que se presentaron decenas de respuestas obtenidas de una diversidad de autores, quienes respondieron a esta sugestiva interrogante: ¿ Por qué escribo?
Las respuestas se movieron desde lo más elemental, hasta pasar por lo filosófico, lo existencial, lo ortodoxo, lo cómico y hasta lo vital. Una que de algún modo resume todas, es la de Benjamín Prado, quien responde:
“Yo escribo por una sola razón: para divertirme, para entretenerlos, para aprender, para enseñarles, para que sea cierto que "escribir es soñar /y que otros lo recuerden /al despertar", para que no me olviden, para que no nos callen y, en primer lugar, porque no podría no hacerlo”.
Traemos esto a colación porque también en nuestra mente revolotea una interrogante: ¿La proliferación de textos y autores en nuestro medio responderá realmente a esa vocación de sentirse libre y liberar a la sociedad de las ataduras que representan el desconocimiento y la indolencia?
Es un debate que tendremos que hacer pronto, por el bien de todos.