El suizo Roger Federer, número uno del mundo, padeció un estrepitoso hundimiento en el Foro Itálico de Roma, escenario del cuarto Masters 1000 del curso, de donde se despidió de forma precipitada víctima del talento del letón Ernests Gulbis, que se impuso después de dos horas de partido en tres sets (2-6, 6-1 y 7-5).
La puesta en escena sobre arcilla de Federer fue fugaz. Roma, un torneo que se le resiste, fue el escaparate elegido por el helvético para adaptar su maquinaria a esta superficie, la que más le incomoda, orientada a rememorar el éxito del pasado año con la conquista de Roland Garros por primera vez en su carrera.
Entonces en París se encontró un recorrido con Rafael Nadal ausente. La sombra del español amenazaba su pase a la final de Roma.