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Premio Miró 2011 desde adentro


La noticia es una sola: Ernesto Endara rompió un récord difícilmente superable, al conquistar el Premio Miró en tres géneros. ¡Supremamente merecida la ovación, Maestro!

En el camino de las letras nacionales, Neco es señal perenne de toda una época. Siendo yo un estudiante universitario, a inicios de los 80, escuchaba ya que era el hombre a batir en este certamen; y sigue siéndolo. Enhorabuena.

Me correspondió formar parte del cuerpo de jurados panameños que, a la par de dos terceras partes de evaluadores internacionales, seleccionamos a los ganadores. Junto a los escritores Javier Sagarna Comenge, de España, y John Jairo Junieles, de Colombia, leímos 29 obras correspondientes al género Cuento, con la grata sorpresa de que, al reunirnos el lunes 24 en la sala dispuesta por el INAC, los tres teníamos como finalistas las mismas cinco obras, considerando que reunían, desde nuestro punto de vista, el mayor número de cualidades formales y de contenido para alzarse con el premio.

 

Para quien no esté familiarizado con estos eventos, subrayo que no es común que tres lectores, en tres países distintos, quienes no se conocen, lean una treintena de obras y al final digan: “Estas cinco son las mejores”, y resulte que los tres apuntan hacia los mismos títulos. Claro, fuera de ese abanico hubo una que otra preferencia, por lo general textos con buenos cuentos, pero no los suficientes como para calificar.

Los libros que pusimos sobre la mesa de la deliberación final fueron: “Un final feliz y otros finales”, “Algo está por ocurrir”, “La casa blanca y otros cuentos”, “El club de las mujeres ventrílocuas”, “Mi propia sangre” y “El Valle de los Vergeles”, sobre los que hubo plena coincidencia. Además, emitimos votos particulares favorables a “Cuentos para amanecer”, “Umbrío”, “Rodolfo Valentino” y “Atrapado en sus pupilas”.

En cierto momento dos aspectos concretos vertebraron el debate: entre manos teníamos cuentos de impecable factura, auténticos catálogos de técnicas narrativas, pero demasiado rígidos (“asépticos” le escuché decir a Sagarna), que dejaban al lector esperando una historia más memorable. ¿Qué ha de entregarse en un cuentario de esta categoría?, nos preguntábamos: ¿historias, técnicas o ambas cosas? Y en caso de que ambos factores se conjugaran: ¿qué debe pesar más, si no se lograra el necesario balance?

 

Todos los libros finalistas pisaban sobre terreno bueno: manejaban la técnica y contaban historias; aunque no siempre alcanzaban a amalgamarse ambos elementos. Sagarna, Junieles y yo (los tres somos formadores de escritores) terminamos decidiéndonos por “Un final feliz y otros finales”.

¿Por qué? Por razón y por instinto. Es que uno presiente que quien narra esos siete cuentos lo hace con suma facilidad, y con una prosa deleitosa, fluida, descarada a ratos, risueña a veces, pícara siempre, y dándose hasta el lujo de merodear entre lampos poéticos como quien camina por la sala de su casa, incluso con historias que pudieran resultar fatales en manos menos diestras, saliendo siempre tan fresco de ellas, a tiempo para cedernos una historia que bien podríamos ir a relatar más adelante, aunque pasen muchos años.

Dejamos los otros a un lado con cierto pesar: “Algo está por ocurrir” es un alarde de destreza literaria y de herramientas del oficio; “La casa blanca…” reúne cuentos vigorosos del cosmos local y latinoamericano; “El club…” revela a un escritor muy diestro, que ojalá condensara varios de esos relatos; “Mi propia sangre”, cuyo sostenido toque psicológico llega a estremecer al lector; y “El Valle…”, acertada puesta en escena, muy renovada, de los inefables cuentos de portal.

 

Una palabra pública: he sido jurado en numerosos concursos desde hace veinte años, y por primera vez observo un marcado crecimiento en la calidad de las propuestas narrativas presentadas; casi no hubo libros desechables per se, y eso tiene una razón que conozco de primera mano: el incremento de las ventanas de formación, llámense Diplomado de Creación Literaria, Círculos de Lectura, talleres, cursos o suplementos como este, y la labor de “francotiradores”, que por aquí y por allá dictan conferencias y seminarios.

Los que estamos en esto sabemos quiénes son; no muchos, pero sí muy efectivos. Siéntanse honrados: ¡ustedes le están cambiando la cara a nuestras letras!


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745918
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América