Aumento de costos, corrupción y muertes de trabajadores han ensombrecido la construcción de estadios para la Copa del Mundo en Rusia.
A diferencia del torneo del 2014 en Brasil, la construcción marcha a tiempo. Pero, como en Brasil, existen preocupaciones sobre el legado.
Solo cinco ciudades anfitrionas tienen equipos de primer nivel y el Gobierno necesitará cubrir el mantenimiento de las instalaciones con subsidios tras el certamen, que se jugará a mediados de 2018.