Ya no valen pruebas ni ensayos, mucho menos los entrenamientos a puerta cerrada de Alexandre Guimaraes. Desde esta noche, una equivocacación se puede pagar caro.
El Salvador es el primer escollo en el camino hacia los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. Un ciclo que comienza con esta eliminatoria que reparte un cupo directo para el octogonal final de CONCACAF a jugarse en marzo próximo en una ciudad de Estados Unidos.
De no ser así, no se explica tanto secretismo en Panamá y las restricciones a los jugadores para hablar con la prensa.
Si todo esto nos sirve para clasificar, excelente, si no, a otro lado con ese cuento.
¡Qué diferencia con El Salvador! Jugadores y técnicos distendidos, alegres, sin presión, todos ayer reunidos en la cancha con periodistas como en una gran familia.
El estado de ánimo de uno y otro bando muestra lo que puede ser el partido. Del lado local se espera que con el aporte de Edwin Aguilar y Román Torres, el equipo crezca en lo futbolístico, mientras que El Salvador parece un grupo compacto que ataca y defiende en bloque, con jugadores con un físico que en nada se parece al de anteriores selecciones de ese país.
Cuenta con futbolistas como Carlos Calderón, de buena estatura y remate de cabeza, el volante Shawn Martins o el mismo Dennis Alas, que tiene un físico relevante, que supera al de los nuestros.
La diferencia del partido puede estar en qué equipo gane la banda. Panamá presenta un especialista como Eduardo Jiménez y otro más creativo como Nelson Barahona, también podría jugar Reggie Arosemena, un jugador más para este partido, donde el regate y la capacidad individual podría estar por encima del sistema táctico.
La suerte está echada. No hay marcha atrás.