Las autoridades de la ciudad brasileña de Porto Seguro debieron multiplicarse ayer para evitar el desorden y minimizar las protestas provocadas por la llegada de la antorcha de los Juegos Panamericanos que partió el lunes de México.
Un avión de la Fuerza Aérea Brasileña, que sirvió hasta hace poco al jefe del Estado para sus desplazamientos, llegó después de trece horas de viaje con los organizadores de los XV Juegos Panamericanos y la antorcha, que fue encendida en las pirámides mexicanas de Teotihuacán, en una ceremonia con más de medio centenar de nativos.
Al aterrizar, el ex jugador y ahora directivo del voleibol Giovane Gavio repitió el gesto del futbolista Romário después de la conquista del Mundial de 1994: apareció desde la cabina de mando de la aeronave ondeando una bandera de Brasil.
La antorcha apagada apareció en la pista del aeropuerto de Porto Seguro.