
Que una mujer tenga los redaños de hacer una declaración como la que hizo hace unos días Cécile Kyenge, ministra italiana, me enorgullece y me ofrece un vislumbre de esperanza. En estos tiempos en lo que nos debatimos entre lo políticamente correcto y las pendejadas sintácticas, que una mujer que además fue inmigrante ilegal, e hija de un polígamo, tenga la calma para enfrentar de este modo a los que se la cogen con pinzas, me ofrece la esperanza de que se acaban los tiempos de los paños calientes.
Ya hace años que una de mis mejores amigas, negra ella, divina ella y muy inteligente, me matara de risa y de orgullo cuando respondía a los que la denominaban culiza diciendo que no, que ella era negra, y culona.
Me he cansado de llevar la contraria a aquellos que dicen que mi marido no es mulato, sino ‘trigueño’. Pensando para mí, cada vez que alguien dice esa bobada, que se nota que han visto muy poco trigo, porque el suyo sería más el tono ‘centeno’. Pero no hay manera.
Estamos inmersos en un marasmo de corrección, con el miedo a ofender a aquellos que no deberían dar al tono de su piel más importancia que la que tiene, y que es poco más allá de elegir un nivel u otro de protección solar al ir a la playa. Nos enzarzamos en discusiones bizantinas acerca de si debemos ser afroamericanos o afrodescendientes. Para luego prohibirles a los niños (y a las niñas) que lleguen al colegio con su afro glorioso.
Nos llenamos la boca con el apoyo al día de la trenza cuando el producto para alisar el tócame la puerta está dentro de la canasta básica del panameño.
Nos damos golpes de pecho cual sepulcros fariseos bien blanqueados y luego ponemos velas al Cristo de Atalaya para que los nietos nos salgan con el pelo bueno.
Es triste que no seamos capaces de mirar más allá de si la piel es negro teléfono o mahogany. Es triste que nos importe el tono exacto de negro, y sigamos reproduciendo los lineamientos de los antepasados de los habitantes de este país. ¿Eres lobo o salto atrás? Con otras palabras, claro. Pero discriminando igual. Porque la discriminación positiva, como su propio nombre indica, sigue siendo discriminación. Eso de ‘vamos a ofrecerte oportunidades por negro’, (o por afrodescendiente), me parece un pelín ofensivo. ¿No?
Por eso me cae bien la negra de Italia. Porque es mujer, y negra. Y nadie le ha regalado nada. Y no lo ha pedido enarbolando sus debilidades, sino que las ha superado sin miedo, ni esparavanes. Dándose cuenta todos los días de que era negra, porque claro, se mira al espejo por las mañanas para lavarse los dientes, pero sin usar su color.
“No, yo no soy de color, yo soy negra”. Y sin más se puso a trabajar. Que es para lo que la han nombrado.
No tengo dudas de que ésta va a ser uno de esos aullidos que levantarán ampollas. Siempre habrá alguien que me dirá que puedo hablar así porque soy blanca. Pues sí, miren ustedes, mi piel es del color del pescado muerto. Soy beige claro y me falta melanina incluso para dorarme, así sea que me ponga vuelta y vuelta al sol. ¿Y qué? ¿Acaso han descubierto un gen que asocia la valentía y la inteligencia con el color de piel? Hasta donde yo sé aún no se ha encontrado. Y por cierto, a Hitler, en unas olimpiadas le fue muy mal tratando de demostrar lo contrario.