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Puños y miseria


A Floyd Mayweather, el flamante e imbatido campeón de boxeo estadounidense, se le ama y se le odia, pero pocos se atreven a cuestionar sus cualidades en el arte de las narices chatas y las orejas de coliflor.

No somos seguidores de Mayweather en el terreno boxístico, pero sí formamos parte de sus 1,749,989 “fallowers” en Twitter, lo cual nos permite estar al tanto de la vida, de las excentricidades y hasta de las nimiedades que en ocasiones se mueven en torno a la vida de Floyd y su “Money team”.

Recientemente, Floyd colgó un mensaje mediante el cual, en broma y en serio, mostraba una fotografía en la que aparecían no menos de cuatro automóviles y a reglón seguido, indicaba que enfrentaba el dilema de decidir a cuál de sus carros sacaba a pasear.

 

Parece una inocentada, pero reflexionando un poco sobre esta situación, nos vienen a la memoria muchos atletas, artistas, políticos y gente común que, por suerte o bendición, han amasado fortunas importantes y, sin darse cuenta, las han visto diluirse, porque pierden la proporción entre lo costoso y realmente valioso.

Sabemos que Floyd Mayweather tiene una inclinación especial hacia los negocios y, aparentemente, cuenta con el asesoramiento adecuado, por lo que los problemas financieros posiblemente están lejos de llegar a las riveras de su vida, pero el “tuit” de marras es el ejemplo de que cuando hay de por medio esas proporciones de dinero se puede perder la perspectiva de lo que es importante y caer en lo fatuo e insensible.

Es además un hecho irónico cuando vemos que miles de familiares en el mundo no tienen qué ponerse ni qué comer ni, mucho menos, en qué transportarse. Observamos la foto de Floyd – la de sus carros- y pensamos en las calles panameñas atestadas de gente con latitas y chalecos pidiendo limosna o solicitando ayuda para resolver algún tropiezo de salud, y nos quedamos con la esperanza de que cuando se enfrente a Pacquiao este le dé una puñera para traerlo de vuelta a la realidad.

 

Más claro ni el agua

Me parecen muy puntuales los planteamientos del abogado Roberto Troncoso sobre la pena de muerte. Desde el principio de la entrevista hace un señalamiento clave en el sentido de que proponer esto es una abierta violación a la Constitución. ¿Entonces en qué idioma tenemos que hablarles a los promotores de esta iniciativa para que entiendan que es improcedente jurídicamente, moralmente y hasta religiosamente, si se quiere?

Los felicito, ha sido otra buena entrevista, manejada sin pasionismo y que cumplió el cometido de orientar a la sociedad panameña que tanto lo necesita en estos momentos. Saludos, Martín E. Calvo

 

Para que conste

Hola, Egbert. Gracias por la nota aparecida hoy en "DíaD" sobre el premio de Fredy Rodríguez Gutiérrez.

Sólo un par de precisiones: 1. El nombre correcto del jurado que dio el Fallo de Minoría es: José Luis Rodríguez Pittí. 2. No se da el nombre de la ganadora del Fallo de Minoría: Lissete E. Lanuza Sáenz.

 

Ojalá la próxima semana pudieras corregir esos dos detalles. Saludos,  Enrique

Comparten éxito

Carlos (Wynter), me alegra mucho esa distinción y honor que te hicieron. No sabía nada, y agradezco a Día-D y a Egbert Lewis por divulgarlo. Me siento honrado de haber participado en talleres contigo; te felicito y ojalá algún día yo también llegue a ese nivel.  Un abrazo, Fredy Rodríguez Gutiérrez.

¿Cambiar el himno?

Este artículo (¿Hay que cambiar el himno?) es muy educativo, lleno de anécdotas y matices culturales e históricos. La gran pregunta  es ¿cúal es el afán de cambiar o borrar nuestras raíces históricas culturales? Por ser una nación en plena juventud y producto de los cambios históricos, económicos y culturales tiene un crisol de razas que logró el ropaje de panameños. Cosa muy distinta de otras latitudes a las que les tomó siglos para acrisolarse. Definitivamente, existen personajes retrógrados      que con estas supuestas novedades solo nos atrasan como nación. Internauta


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734985
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América