La región más santificada por tres grandes religiones monoteístas se ha convertido en tierra ensangrentada. Allí no cabe ya la santidad; allí el fanatismo abona el odio que, a su vez, es el abono de la muerte.
¡Diablos y rediablos! (Ahora que juro así me doy cuenta de que nunca los demonios han desatado tal mortandad). Qué relación tan impura con la sangre imponen los creyentes a sus dioses que se supone son de amor y de justicia.
Oriente Medio. Medio Oriente. Si se pudiera partir. Un dios poderoso y juguetón podría solucionar el asunto con una de sus hazañas telúricas. Separar con un sismo a Israel del resto de esos cúmulos de arena donde una vez se alquilo un Paraíso. Y sanseacabó.
Acumulación de gente, heridos, tanques, fusiles, puñales, morteros, cohetes, tacos de dinamita, maldiciones, rezos, muros, contrabandos, hambre, entierros, huesos rotos, adrenalina envenenada, ¿cómo cabe tanta vaina en un sitio tan pequeño que lo llaman Franja de Gaza. ¿Franja?, más bien parece un sablazo a la tierra. ¿Gaza? Ese nombre nos arrastra a pensar en vendas para heridas. No hay suficiente. Parece una ardid de la naturaleza que los hombres se aniquilen los unos a los otros para mantener una buena repartición de tierra y alimentos con que sobrevivirán los "hijos del verdadero dios". A mí me parece que este recurso es más salvaje que el de los conejos que prefieren suicidarse (nunca se matan los unos a los otros) cuando sobrepasan el número en su entorno; o el de ciertos monos cuyas hembras pierden la fertilidad (no así sus ganas) para mantener el equilibrio. Justo lo que necesita el mundo.
Tomar partido por los palestinos o los judíos es más difícil que subir un paloencebao en Pocrí. Se resbala uno en las razones que esgrimen las partes. Si escuchamos a los árabes: «esos malditos judíos que asesinan niños, ancianos y mujeres indiscriminadamente…»; si prestamos oídos a los judíos: «¿Qué clase de vida nos espera con vecinos que han decidido que nosotros no tenemos derecho a existir?»
Anda, escoge tú tu grupo. A mí no me pidas firmas para abanicar el odio y la intolerancia. Estoy por la paz que es lo que más quieren y añoran la mayoría de palestinos y judíos.
Si las Naciones Unidas sometiera la paz a un plebiscito en ambas poblaciones, su voto aplastaría a los guerreros.
¿Que no? Entonces que decidan los sonámbulos.