El otro día escuché a un hombre decir: "Mire esas matanzas inexplicables en Àfrica y los estúpidos actos de terror del E.I. ¡Carajo, nunca ha sido el mundo tan perverso!". Con esta simple pero estremecedora frase el buen hombre borra toda la miseria que ha vivido la humanidad desde su nacimiento. Reculando un poco el casete histórico, tropezamos con ETA, IRA, FARC, Vietnam, y atrás, las Guerras Mundiales (¿habrá algo peor que una guerra mundial?). Y Mundiales podrían haberse llamado las conquistas de Roma, las de Alejandro Magno, de Jerjes, Darío, Nabucodonosor y de Eric el rojo. ¿Guerras y matanzas? Nunca faltaron en la historia. Y muchas con ayuda divina. Ahí tienes a Gedeón cuyo Dios detuvo la rotación de la tierra para darle tiempo de exterminar a sus enemigos ¡Qué belleza! Y la guerra de Troya. Allí intervienen los dioses del Olimpo, desde Atenea, con ojos de lechuza, hasta Iris con pies de huracán. Zeus pasa trabajo para calmar a sus dioses camorristas. Lindos dioses, sensuales y pendencieros.
La vida tiene sus buenas y malas. Igual las épocas de la llamada Civilización. En un tiempo me hubiese gustado ser caballero andante. Pero con solo imaginar una picazón en la espalda con la armadura puesta o una candelilla en la nalga bajo la cota de malla se esfumó mi ilusión. ¿Y la Belle Epoque? ¿Cuántos murieron de cólico miserere o de sífilis porque no había penicilina. Cualquier infección pendeja temprano te zampaba en la tumba. Nuestros tiempos son buenos. Vivimos, es lo principal. ¿Antes no había SIDA? No seas incontinente. ¿Que antes comías bien con dos dólares? Sí, pero ¿cuánto ganabas? Alternativas: El Parado, el Rendevouz y La Puñalada. Hoy existen restaurantes para todo gusto y bolsillo. ¿Que ayer eras joven y apuesto? Cierto, al menos en lo primero, pero eras impulsivo y bruto como un jabalí; hoy eres un viejo pensante que, con un poco de suerte y menos arterioesclerosis, envejeces con gracia y sabiduría.
No puedo correr, ni boxear, como en los años cincuenta; pero tampoco tengo que pasar exámenes, ni marcar en un trabajo, ni me asustan libros gruesos como La montaña mágica o Bomarzo. ¿Que no soporto una noche de parranda? Cierto, pero encontré otros misteriosos y bellos sentidos en la vida? ¡Shhhhh!
La vida, mon ami, es lo importante.