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¿Qué es lo quieren verder?


Los primeros tres meses del año han transcurrido sin que se haya percibido ningún cambio significativo en el comportamiento de las apuestas. La principal autoridad del hipódromo, así lo reconoció hace un par de semanas en una entrevista publicada en este diario. Esta noticia en nada nos alegra, puesto a estas alturas era de esperarse alguna mejoría o, por lo menos, mantener los niveles del año anterior.
Sabemos que el incremento de las apuestas va ligado al proceso de mejoramiento y desarrollo integral del país, pero mientras eso se dé hay que redoblar el esfuerzo particular de los hípicos.
En las postrimerías del año pasado se anunció una campaña fuerte y sostenida para la promoción, mercadeo y publicidad del deporte hípico, pero lo visto hasta ahora ha sido muy pálido con respecto a las expectativas que se crearon.
Que se necesitan caballos para renovar los "artistas del espectáculo hípico", estamos de acuerdo y aplaudimos las iniciativas que se han emprendido en esa dirección.
Pero, si a ver vamos, debemos concluir en que se está cayendo en el mismo error de los antiguos administradores que se inclinaron más hacia la compra de caballos que a fomentar las condiciones para que sean los particulares quienes se sientan estimulados a realizar esta inversión.
En lo que respecta a la promoción, seguimos cojeando. Sin el ánimo de querer entrar en el terreno de la publicidad, que no es el nuestro, aunque tenemos nociones del mismo, se pueden detectar errores "estratégicos" en una cuña que está rotando en la TV en la que se le vende al hípico la idea de que si se gana una carrera todas las hembras del país le van a caer encima. Se supone que cuando usted gana en el hipódromo cobra dinero... eso es lo que hay que vender...!
Se choca con la inteligencia humana cuando en esa cuña se ve ganar la carrera a un caballo cuyo jinete va vestido con una chaqueta rosada y en el recinto de los ganadores luce una azul y lo más irreal del asunto es que dentro del público que está remando en las gradas aparece -siempre en primer plano- un funcionario prominente de la institución cuyo rostro es ampliamente conocido, lo cual le quita realismo al mensaje que se quiere transmitir.
Hubiera sido más ingenioso e impactante crear, por ejemplo, un escenario familiar en donde un niño le pide al padre que lo lleve al cine, al Mc Donald o a la feria y que el papá le ponga como excusa para no complacerlo que está limpio y que dentro de su candidez el chiquillo el dijera: "Entonces vamos al hipódromo porque allí la entrada es gratis". La idea es llegar a la mayor cantidad de gente posible y eso se logra con mensajes más claros, precisos y concisos.


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82301
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América