La evangelización del Nuevo Mundo fue una tarea titánica. Un ejército de frailes, monjes y padre de diversas órdenes católicas que dominaban el Viejo Mundo se pusieron en pie para socavar las creencias de una masa numerosa de indígenas que ni remotamente conocían del cristianismo.
Para tal fin, las representaciones teatrales fueron el vehículo perfecto para hacer entrar en razón a los indígenas sobre la existencia de un Dios como ejecutor del bien y una fuerza satánica como causante del dolor del mundo.
En tal sentido, la celebración del Corpus Christi, festividad católica de origen medieval donde se festeja "El cuerpo y la sangre de Cristo" a través de la Santa Eucaristía, fue punta de lanza en todo ese proceso evangelizador y fecha obligada en el calendario católico, 60 días después del Domingo de Pascua.
Esta celebración tiene además de su valor religioso, otro igualmente profundo: el cultural .
En toda América su presencia ha dejado rastros, tanto en la creencia en sí como en la cultura de estos pueblos.
En Panamá, el ejemplo más evidente del sentido cultural de Corpus son las máscaras que dan vida a diablos y otras figuras usadas para ejemplificar el mal, y otras más que se han sumando por el sentido popular de esta fiesta que este año se realiza el 22 de mayo, Día de Corpus.
Recientemente, Aristides Burgos Villarreal, director del Centro de Estudios Superiores de folclore de La Villa de Los Santos, y presidente de la Asociación de Danzas, Miguel Leguízamo, presentó en el Museo Reina Torres de Araúz como preámbulo a la festividad, la primera exposición de carácter científico de máscaras de las regiones del país donde ha tenido presencia el Corpus.
La exhibición presentó expresiones artesanales de diversas áreas del país y cuya temática fue el diablo como elemento central entre el bien y el mal.
Se presentaron máscaras trabajadas en materiales diversos, aunado al colorido y las formas que hacen de cada una un elemento asimétrico de las otras, pero siempre guardando un lugar central para la figura del gran diablo.
Burgos lamentó que no existe información suficiente y ordenada sobre las máscaras en toda la República, al asegurar que cada rincón del istmo tuvo en algún momento la presencia de una máscara.
Esa situación la constató hace 4 años, cuando debía asistir a una exposición en Venezuela y se dio cuenta de que no hay información de máscaras. Hay muchas máscaras, pero no información, se lamenta.
El artista concluye en que se debe investigar más y asegura que con la exposición, "dejo una ventana para fomentar el interés del tema de máscaras".
Gente y máscara.
Sobre la situación de este elemento ante los cambios, Burgos dice que no pierde terreno. Cree que con la tecnología se gana. Esta exposición destaca una evolución de la pieza, claramente perceptible, pero manteniendo el aspecto folclórico.
La técnica de una máscara puede ser distinta. En el caso de Garachiné, encontramos madera de balso; en Antón las hacen de coco y de madera; en Colón las hacen de telas; en Los Santos hay de majagua de tallo; los materiales básicos son madera y papel.
El concepto, según Burgos, Diablo y Cruz, desarrollado en esta muestra es la eterna lucha entre el bien y el mal, que es un aspecto religioso que tiene que prevalecer; por el otro, el aspecto hórrido de la máscara siempre se mantiene en diversas regiones. Pero cada región interpreta ese diablo.
Los diseños.
Burgos dice que algunos son muy desarrollados, otros son simples, pero en suma son el diablo por los colores, formas y figuras, entonces el sentido de usar diablos es marcado por la ruptura del eje, donde el diablo es el eje destructor y la cruz, el eje protector. "Son tantos conceptos que hay que ir analizando y ese sincretismo que da forma a máscaras de animales, de gente".
Los artesanos que están presentes yo los consideraría como artistas. A cada artesano en su expresión. Hay algunos que hacen máscaras para exportar a Japón. Estas personas son artesanos, son negociantes, pero también son artistas. "Yo siempre les recomiendo que no pierdan la parte artesanal".
La función básica de una máscara es cubrir a quien la lleva. Luego tiene una función artística porque es considerada un elemento artístico, pero también tiene la función artesanal. Sobre los costos de estos trabajos, hay máscaras desde 10 hasta 150 dólares, donde influye el tamaño y la forma.
De esta muestra, una parte se llevará a Los Santos para el Corpus Cristi. "El problema es que todas las máscaras que están aquí danzan durante el Corpus, y entonces si están danzando en la calle no las podemos exhibir", aclara Burgos, quien señaló además que está en conversaciones con el Instituto Nacional de Cultura para organizar un concurso de máscaras, con el fin de que más personas aprendan a hacerlas y también tener talleres. Él propone que sea en un plazo de diez años, donde cada año le toque a un modelo de máscaras.
Una parte de estas máscaras las proporcionó la Asociación Pro rescate de la Danza, de la cual Aristides Burgos Villarreal forma parte y la otra se tramitó por medio de la Escuela de Folclor.
Hasta ahora el aprendizaje de estos trabajos es totalmente empírico, se lamenta este entusiasta promotor de la cultura y del folclor panameño.