A veces pienso que somos despiadados en las críticas a nuestra selección de fútbol. Cada vez que un resultado no favorece, los profetas de la destrucción salen inmediatamente a hacer sentir su voz de protesta: "para eso entrenamos", "¿por qué esa plata que le dan al fútbol no la invierten en otros deportes?"..
¿Acaso Panamá es Brasil? Nuestro país no cuenta con una liga de fútbol profesional. En este punto vamos en desventaja frente a selecciones, como Costa Rica, Honduras, El Salvador o Guatemala.
Tampoco contamos con jugadores encasillados en el renglón de "crack", que marquen diferencia sobre el resto de los futbolistas de la región.
El debut de Alexandre Guimaraes en un partido oficial con la selección, pudo ser peor (Panamá nunca se sintió cómodo en el partido y apenas los cambios oxigenaron a un equipo que iba camino al precipicio). Sin embargo, el empate siembra la esperanza hacia cosas mejores. La mesa está servida para la clasificación esta noche ante Costa Rica y, por ende, la consecución del pase a semifinales y el boleto a Copa de Oro.
No podemos ser pretenciosos, ni vendedores de falsas expectativas. Descalificar a un equipo de entrada, cuando los jugadores apenas se adaptan al técnico y comienza un nuevo ciclo, es una insensatez tan grande, como pensar que Panamá es Brasil y que Anel Canales es Ronaldo.
No se puede ocultar que estamos creciendo en el fútbol. Por algo llevamos tres clasificaciones mundialistas seguidas en la Sub-20, pero nuestra principal pretención debe ir enfocada al mundial de mayores, que se celebrará en Sudáfrica.
Hacia allá debemos señalar el camino, con un proceso firme y serio, sabiendo que vendrán momentos de alegría y tristeza. Esto lo hemos escrito en muchas ocasiones, y no nos cansaremos de repetirlo, porque la mesura y la realidad van de la mano.
Los pueblos tienen límites y los países fronteras. Pero no podemos juzgar mal a Panamá por un partido, ni pretender que "Chalate" Anthony, a sus 34 años, sea nuestro salvador. ¿A quién se le ocurre?